DIVEM, vacaciones, diversidad cultural

Paradojas del verano. Una reflexión de cara a las vacaciones

Ahora que estamos en agosto, son muchas las personas que están de vacaciones, aprovechando para escaparse unos días fuera de su rutina diaria, de su trabajo cotidiano. Hay quienes optan por quedarse cerca, pero también hay muchas personas que aprovechan estas fechas para irse a conocer países lejanos y culturas exóticas: Una ruta por el Rajastán indio, un safari por los parques naturales de Kenia y Tanzania, descubrir la selva de Costa Rica, las playas en Tailandia o un trekking por Machu Picchu en Perú, por ejemplo.

Esto plantea una reflexión, ¿por qué nos recorremos medio mundo para conocer ese país, probar comidas extrañas a nuestro paladar y echarnos la foto en el monumento o con el autóctono o autóctona de turno, pero cuando nos encontramos a personas de otras culturas en nuestras calles, o cuando nos toca convivir con ellas mostramos rechazo? Más aún, ¿por qué cuando estamos fuera miramos todo con ojos curiosos, pero aquí etiquetamos a esas personas según una serie de parámetros estereotipados? Persona de rasgos asiáticos=restaurante de comida china o en tienda de todo a 100, hombre joven negro=subsahariano top manta, mujer de rasgos latinos=empleada del hogar, mujer originaria de algún país de Europa del este=prostituta, hombre de rasgos árabes=terrorista…

Esta idea parte de una visión muy limitada, que peca de racista y paternalista, porque presenta a estas personas como miembros de un colectivo, no como seres humanos individuales, con derechos, libertades y responsabilidades como cualquier ciudadano o ciudadana.

Aprovechemos la oportunidad que tenemos estas vacaciones para salir y cargar las pilas, desconectar de nuestra rutina… pero también para conocer otros contextos, interesarnos por otras realidades y trabajar la empatía.  Para pasar a darle nombre a estas personas, que dejen de ser desconocidos y desconocidas, y empiecen a ser Li, Mamadou, Joâo, Fátima, Huan, Mohamed, Ekaterina, Mihai, Hassan, Elodie o Luciana.

Porque el primer paso para una buena gestión de la diversidad cultural es conocerla y valorarla.