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“Nosotrxs y ellxs”. El problema de encasillar a las personas.

La diversidad nos aporta riqueza en todos los sectores y ámbitos de nuestra vida. Sin embargo, en numerosas ocasiones, por simplificar tendemos a “etiquetar” a las personas dentro de una determinada categoría que los define de una manera concreta, a etiquetarlos con unas características inamovibles y concretas. Al actuar de esta manera, muchas veces inconsciente, no tenemos en cuenta que estamos limitando nuestra percepción de los demás, perdiéndonos toda la complejidad de las personas, sus matices y en definitiva, toda esa riqueza que aporta la diversidad.

Este interesante video de la TV danesa tiene algunos años, pero no por ello deja de ser interesante la reflexión que nos plantea. Todos y todas hemos puesto etiquetas a otras personas en algún momento de nuestras vidas. Pero, ¿somos realmente tan distintos entre nosotros? Analicemos algunas de las consecuencias de encasillar a las personas.

  1. Nadie es “blanco” o “negro”. Hay multitud de matices, percepciones y situaciones que nos hacen a cada individuo diferente a otro. Pensar de esa manera es muy limitada.
  2. Sin embargo, por muy diferentes que podamos parecer a simple vista, compartimos muchas cosas en común con otras personas. No hablamos solo de aspectos y rasgos físicos, sino de parámetros culturales y sociales, de percepción de la vida, de formas y maneras de vivir o trabajar, de los valores y creencias de cada persona. etc.
  3. Cuando nos fijamos más en las diferencias y las utilizamos con ánimo de generar rivalidad u odio, es cuando se generan los problemas. Cuando se trabaja poniendo el foco en los aspectos comunes y en las situaciones compartidas, se crece como sociedad, generando empatía y una mejora evidente de la convivencia.
  4. Cuando se pone en valor la diversidad, como un aspecto que gestionar y trabajar desde la empresa, poniéndolo en valor frente a la comunidad, es cuando se aprovecha todo el potencial de las personas, porque crecen no solo en el aspecto profesional, sino también en el personal.

Entonces, ¿por qué seguir insistiendo en marcar las diferencias entre nosotrxs y ellxs?