Shiseido: «La diversidad nos ayuda a ser más abiertos, más empáticos y a entender mejor realidades diferentes a la nuestra»

Pilar Fabra, del área de Comunicación Interna Corporativa y Responsabilidad Social Corporativa de Shiseido, comparte cómo la diversidad cultural contribuye a fortalecer las relaciones entre las personas y a construir equipos más cohesionados.

La cohesión en una empresa no se construye únicamente a través de objetivos compartidos o de una buena organización del trabajo. También depende de la capacidad de las personas para escucharse, comprender perspectivas diferentes y generar entornos donde cada profesional pueda aportar desde su propia experiencia.

En el marco de la campaña No hay color, impulsada por DIVEM, distintas empresas participan compartiendo experiencias que muestran cómo la gestión de la diversidad cultural contribuye a fortalecer aspectos clave de las organizaciones. En este caso, el testimonio de Pilar Fabra, del área de Comunicación Interna Corporativa y Responsabilidad Social Corporativa de Shiseido, nos invita a reflexionar sobre el papel que desempeñan la empatía, el respeto y la apertura a otras realidades en la construcción de equipos más cohesionados.

Abrirse a nuevas perspectivas

La diversidad cultural permite acercarse a experiencias y formas de entender el mundo que muchas veces son diferentes a las propias. Ese intercambio no solo amplía conocimientos, sino que también ayuda a desarrollar una mayor sensibilidad hacia las circunstancias y vivencias de otras personas.

Como explica Pilar Fabra:

“La diversidad nos ayuda a ser más abiertos, más empáticos y a entender mejor realidades diferentes a la nuestra”.

Esta capacidad de comprender otros puntos de vista favorece relaciones más enriquecedoras dentro de los equipos y contribuye a generar entornos donde las personas se sienten escuchadas y respetadas.

La empatía como motor de la cohesión

La convivencia entre personas con trayectorias, culturas y experiencias diversas puede convertirse en una oportunidad para fortalecer los vínculos dentro de la organización. Cuando existe disposición para escuchar y aprender de quienes nos rodean, se crean espacios más colaborativos y cercanos.

En la entrevista, Pilar Fabra destaca precisamente ese impacto positivo que tiene la diversidad en la forma en que las personas se relacionan dentro de las empresas:

“La diversidad hace que los equipos sean más fuertes y estén más unidos”.

Lejos de generar distancias, la diversidad cultural puede favorecer una mayor comprensión mutua y convertirse en un factor que refuerce la cohesión de los equipos.

Hacer visible la diversidad en el día a día

La construcción de entornos inclusivos no depende únicamente de las políticas o iniciativas que impulsa una organización. También requiere del compromiso cotidiano de las personas que forman parte de ella.

Por ello, Pilar Fabra recuerda la importancia de asumir una responsabilidad compartida en la creación de espacios de trabajo más respetuosos y abiertos:

“Construir entornos más respetuosos e inclusivos es responsabilidad de todos”.

Visibilizar la diversidad, fomentar la participación y generar oportunidades para que todas las voces sean escuchadas son algunas de las acciones que permiten trasladar ese compromiso a la práctica diaria.

Equipos que se enriquecen desde la diversidad

La experiencia compartida por Shiseido muestra que la cohesión no consiste en eliminar las diferencias, sino en crear entornos donde estas puedan convivir de forma positiva y convertirse en una fuente de aprendizaje.

A través de la escucha, la empatía y el intercambio de perspectivas, la diversidad cultural contribuye a fortalecer las relaciones entre las personas y a construir equipos más conectados, colaborativos y preparados para afrontar nuevos retos.

Cuando las organizaciones favorecen la escucha, el respeto y la participación, los equipos se fortalecen y las relaciones se vuelven más sólidas. Porque la cohesión no nace de la uniformidad, sino de la capacidad de convivir, aprender y avanzar juntos.

Este testimonio forma parte de la campaña No hay color, una iniciativa de DIVEM que da voz a empresas comprometidas con la gestión de la diversidad cultural para mostrar cómo esta contribuye a fortalecer las organizaciones. La experiencia de Shiseido demuestra que comprender otras realidades y generar espacios donde todas las personas puedan aportar no solo enriquece a quienes forman parte de los equipos, sino que también ayuda a construir entornos de trabajo más inclusivos, colaborativos y cohesionados.

¿Quieres conocer más experiencias de empresas que están incorporando la diversidad cultural como un valor en sus organizaciones? Sigue descubriendo los testimonios de la campaña No hay color y súmate a las #EmpresasQueSuman con DIVEM.

Cuando el liderazgo femenino incorpora miradas culturalmente diversas

Hablar de liderazgo femenino no implica hablar de una realidad homogénea. Las mujeres aportan experiencias, trayectorias y perspectivas muy distintas, influenciadas por múltiples factores, entre ellos su contexto cultural, su país de origen, los idiomas que hablan o los distintos caminos que han recorrido hasta incorporarse al mercado laboral.

Reconocer esta diversidad enriquece la forma en que entendemos el liderazgo y abre nuevas oportunidades para construir organizaciones más innovadoras, representativas y preparadas para afrontar los retos de un entorno cada vez más diverso.

Cuando una empresa impulsa la presencia de mujeres en puestos de responsabilidad, da un paso importante hacia la igualdad. Sin embargo, el verdadero potencial de esta apuesta se multiplica cuando se reconoce que no todas las mujeres viven las mismas experiencias ni se enfrentan a los mismos desafíos.

Las mujeres con trayectorias culturales diversas pueden aportar conocimientos, perspectivas y formas de abordar los problemas que complementan las de otros perfiles presentes en la organización. Esta pluralidad de miradas contribuye a enriquecer los procesos de análisis, fomentar la creatividad y ampliar la comprensión de las necesidades de equipos, clientes y entornos cada vez más diversos. Así, una mujer que ha desarrollado parte de su trayectoria profesional en distintos países puede aportar enfoques diferentes sobre la gestión de equipos multiculturales, la comunicación con personas de distintos contextos o la adaptación a entornos cambiantes.

La riqueza de una organización no reside únicamente en quién ocupa los espacios de decisión, sino también en la variedad de experiencias que esas personas ponen al servicio de los objetivos comunes.

Un liderazgo que amplía la mirada de la empresa

Las empresas toman decisiones constantemente: sobre personas, productos, servicios, mercados o estrategias de crecimiento. Cuanto más diversas son las perspectivas presentes en esos procesos, mayor es la capacidad de comprender realidades complejas y responder a ellas de manera eficaz.

En este sentido, incorporar mujeres con experiencias culturales diversas en posiciones de liderazgo puede aportar una visión más amplia sobre aspectos como la comunicación, la gestión de equipos, la relación con diferentes grupos de interés o la identificación de nuevas oportunidades.

No se trata de asumir que determinadas personas representan a un colectivo concreto, sino de reconocer que la diversidad de experiencias es una fuente de aprendizaje y valor para toda la organización.

A pesar de los avances producidos en los últimos años, muchas empresas continúan encontrando dificultades para trasladar la diversidad presente en sus plantillas a los espacios de decisión. En algunos casos, determinadas trayectorias profesionales internacionales pueden ser menos visibles en los procesos de promoción. En otros, la ausencia de referentes o de redes profesionales consolidadas puede dificultar el acceso a oportunidades de desarrollo y liderazgo.

Identificar estas posibles barreras no significa señalar problemas individuales, sino revisar los procesos organizativos para asegurar que el talento puede desarrollarse y ser reconocido en igualdad de condiciones.

Una oportunidad para las empresas

Promover un liderazgo más diverso requiere una mirada consciente sobre cómo se identifican, desarrollan y acompañan las carreras profesionales dentro de la empresa.

Los procesos transparentes de promoción, los programas de mentoría, la formación en liderazgo o la visibilización de referentes diversos son algunas de las herramientas que pueden contribuir a que más mujeres encuentren oportunidades reales para asumir responsabilidades y desarrollar todo su potencial.

La clave está en generar entornos donde las capacidades y el talento puedan abrirse camino sin que factores como el origen cultural o la falta de referentes se conviertan en obstáculos invisibles. Las organizaciones que apuestan por equipos de liderazgo diversos no solo avanzan en materia de inclusión. También incorporan nuevas formas de entender los retos, analizar la realidad y construir soluciones.

Cuando el liderazgo femenino incorpora miradas culturalmente diversas, las empresas amplían su capacidad para escuchar, comprender y conectar con una sociedad igualmente diversa. Y esa capacidad constituye, hoy más que nunca, una fortaleza para construir organizaciones más innovadoras, más inclusivas y más preparadas para el futuro.

En DIVEM seguimos compartiendo herramientas, experiencias y buenas prácticas para construir empresas donde cada persona pueda aportar todo su potencial. ¡Únete a las #EmpresasQueSuman!

En DIVEM seguimos compartiendo herramientas, experiencias y buenas prácticas para construir empresas donde cada persona pueda aportar todo su potencial. ¡Únete a las #EmpresasQueSuman!

La gestión de la diversidad cultural también es sostenibilidad empresarial

Cuando se habla de sostenibilidad empresarial, es habitual pensar en cuestiones relacionadas con el medioambiente, la eficiencia energética o la reducción del impacto ambiental. Sin embargo, la sostenibilidad también tiene una dimensión social que resulta esencial para el futuro de las organizaciones.

La capacidad de atraer talento, generar oportunidades, reducir desigualdades o construir entornos de trabajo donde las personas puedan desarrollarse profesionalmente forma parte de una visión más amplia de la sostenibilidad. En este contexto, la gestión de la diversidad cultural adquiere una relevancia creciente para las empresas.

Lejos de ser una cuestión independiente, está estrechamente vinculada a muchos de los desafíos que recoge la Agenda 2030 y que hoy forman parte de la realidad empresarial.

Crear oportunidades para las personas desde la empresa también es avanzar hacia los ODS

Cuando se habla de Objetivos de Desarrollo Sostenible, muchas personas piensan automáticamente en cuestiones medioambientales. Sin embargo, la Agenda 2030 también pone el foco en retos directamente relacionados con las personas, el empleo y la igualdad de oportunidades.

La gestión de la diversidad cultural conecta de forma directa con varios de los ODS sobre los que trabaja DIVEM. Puede contribuir al ODS 1 (Fin de la pobreza) al favorecer el acceso al empleo y la inclusión laboral de personas con trayectorias diversas. También guarda relación con el ODS 4 (Educación de calidad), ya que las empresas desempeñan un papel clave en el aprendizaje continuo y en el desarrollo de competencias interculturales cada vez más necesarias en entornos profesionales diversos.

Del mismo modo, la promoción de entornos laborales inclusivos contribuye al avance del ODS 5 (Igualdad de género) y del ODS 10 (Reducción de las desigualdades), especialmente cuando las organizaciones trabajan para eliminar barreras que pueden limitar la participación y el desarrollo profesional de determinadas personas.

Esta realidad también conecta con el ODS 8 (Trabajo decente y crecimiento económico), que impulsa la creación de empleos de calidad y organizaciones capaces de aprovechar todo el talento disponible. Además, la colaboración entre empresas, entidades sociales y otros actores para promover entornos más inclusivos representa una contribución al ODS 17 (Alianzas para lograr los objetivos), un elemento fundamental para afrontar los desafíos sociales actuales.

Una oportunidad para construir alianzas y prepararse para el futuro

Las empresas desarrollan su actividad en una sociedad cada vez más diversa, interconectada y cambiante. Saber gestionar esta realidad requiere capacidades relacionadas con la escucha, la colaboración y el entendimiento entre personas con perspectivas diferentes.

La diversidad cultural favorece precisamente estas competencias, facilitando la construcción de relaciones más sólidas dentro y fuera de las organizaciones. Una capacidad que resulta especialmente valiosa en un contexto donde la colaboración y las alianzas son fundamentales para afrontar retos cada vez más complejos.

Por ello, la gestión de la diversidad cultural no debe entenderse únicamente como una cuestión de inclusión. También representa una forma de fortalecer la sostenibilidad empresarial desde una perspectiva centrada en las personas, las oportunidades y el desarrollo compartido.

Porque construir empresas más sostenibles no consiste solo en reducir su impacto ambiental. También implica crear organizaciones capaces de generar oportunidades, aprovechar todo el talento disponible y contribuir a una sociedad más inclusiva y cohesionada.

La sostenibilidad empresarial también se construye desde las personas. Únete a las #EmpresasQueSuman con DIVEM y descubre cómo la gestión de la diversidad cultural puede ayudarte a avanzar en los ODS mientras fortaleces el talento, la cohesión y el compromiso dentro de tu organización.

Únete a las #EmpresasQueSuman con DIVEM y descubre cómo la gestión de la diversidad cultural puede ayudar a tu empresa a avanzar en los ODS mientras fortalece el talento, la cohesión y el compromiso dentro de la organización.

La primera impresión también cuenta: integrar la diversidad cultural desde el ‘onboarding’

La incorporación de una nueva persona a una organización suele asociarse a procesos como la firma de documentación, la formación inicial o el aprendizaje de herramientas y procedimientos. Sin embargo, durante esos primeros días ocurre algo igual de importante: la persona recién incorporada empieza a descubrir cómo es realmente la empresa y qué lugar puede ocupar en ella.

Las primeras semanas son determinantes para construir una percepción sobre la organización, sus valores y su forma de entender las relaciones profesionales. Por eso, el onboarding representa una oportunidad estratégica para transmitir la cultura corporativa y favorecer la integración de quienes se incorporan a la plantilla.

En empresas donde conviven personas con trayectorias y experiencias diversas, prestar atención a la dimensión intercultural de este proceso puede marcar una diferencia significativa en la experiencia de las nuevas incorporaciones.

La gestión de la diversidad cultural también se percibe desde el primer día

El onboarding suele entenderse como una herramienta para facilitar la adaptación a un puesto de trabajo. Sin embargo, su alcance va mucho más allá. Durante este periodo, las personas observan cómo se comunican los equipos, cómo se toman las decisiones, qué comportamientos se valoran y qué espacios existen para participar. En definitiva, comienzan a comprender la cultura de la organización a través de experiencias concretas y cotidianas.

Por este motivo, la acogida no solo influye en la rapidez con la que una persona aprende sus funciones, sino también en la confianza que desarrolla hacia la empresa y en su capacidad para sentirse parte del proyecto común.

Las organizaciones transmiten su compromiso con la diversidad cultural de muchas formas diferentes. No solo a través de políticas, planes o declaraciones institucionales, sino también mediante pequeños gestos que acompañan la llegada de una nueva incorporación: la forma de presentar a los equipos, la claridad de la información que se comparte, los espacios disponibles para resolver dudas o la manera en que se fomenta la participación envían mensajes importantes sobre cómo entiende la organización la inclusión y la colaboración.

Cuando una empresa reconoce que las personas pueden tener distintas referencias culturales, experiencias previas o formas de comunicación, resulta más sencillo crear procesos de acogida que faciliten la integración y promuevan relaciones de confianza desde el inicio.

Una inversión con impacto a largo plazo

Toda persona que se incorpora a una nueva empresa necesita comprender cuáles serán sus responsabilidades. Sin embargo, también necesita saber cómo encajar dentro de un entorno desconocido y cómo contribuir al éxito colectivo. Por ello, uno de los principales objetivos de un buen proceso de onboarding debería ser generar las condiciones necesarias para que la persona se sienta bienvenida, escuchada y acompañada durante sus primeras semanas.

En entornos culturalmente diversos, esta cuestión adquiere una relevancia especial. Cuando las nuevas incorporaciones perciben que sus experiencias son respetadas, que su voz tiene espacio y que pueden participar activamente en la vida de la organización, aumenta su sentimiento de pertenencia y su implicación con el proyecto empresarial.

La experiencia de incorporación influye mucho más allá de los primeros días de trabajo. Un proceso de onboarding bien diseñado puede favorecer la integración, fortalecer los vínculos con el equipo y contribuir a que las personas desarrollen una relación más sólida con la organización.

En un contexto donde atraer y fidelizar talento se ha convertido en una prioridad para muchas empresas, cuidar estos momentos iniciales supone una inversión en cohesión, compromiso y desarrollo profesional.

Las primeras experiencias dejan huella y pueden marcar la diferencia en el recorrido profesional de una persona dentro de una organización. Súmate a DIVEM y a las #EmpresasQueSuman para seguir construyendo entornos donde la diversidad cultural contribuya a generar acogida, confianza y sentido de pertenencia desde el primer día.

Entra a formar parte de DIVEM y de las #EmpresasQueSuman para seguir construyendo entornos donde la diversidad cultural contribuya a generar acogida, confianza y sentido de pertenencia desde el primer día.

Por qué las empresas diversas retienen mejor el talento

Atraer profesionales cualificados y retener su talento es uno de los grandes retos a los que se enfrentan las organizaciones. Sin embargo, captar talento es solo una parte de la ecuación. Conseguir que las personas quieran permanecer en la empresa, desarrollarse profesionalmente en ella y comprometerse con su proyecto es un desafío igualmente importante.

En este contexto, cada vez más organizaciones están descubriendo que la diversidad no solo contribuye a enriquecer los equipos, sino que también puede desempeñar un papel relevante en la retención del talento. Esto resulta especialmente visible cuando las empresas incorporan de forma activa la diversidad cultural y promueven entornos donde mujeres y hombres encuentran oportunidades equitativas para participar, desarrollarse y aportar valor. Más allá de la composición de las plantillas, estas realidades influyen en la manera en que las personas experimentan su paso por la organización y en su decisión de permanecer en ella a largo plazo.

El talento busca algo más que una oportunidad laboral

Las expectativas de las personas trabajadoras han evolucionado en los últimos años. Junto a factores como la estabilidad o las condiciones económicas, cobran cada vez más importancia aspectos relacionados con la cultura corporativa, el bienestar, el reconocimiento y las oportunidades de crecimiento.

Las personas quieren formar parte de organizaciones donde se sientan escuchadas, valoradas y respetadas. También buscan entornos en los que puedan desarrollar su talento sin que elementos como su origen cultural, su género o sus circunstancias personales limiten sus posibilidades de participación o progreso profesional.

Por ello, la capacidad de una empresa para generar oportunidades equitativas influye directamente en la percepción que las personas tienen de su experiencia laboral.

Una de las claves que explican por qué algunas organizaciones retienen mejor el talento que otras es el sentimiento de pertenencia: Cuando las personas perciben que forman parte de un proyecto compartido, que sus aportaciones son tenidas en cuenta y que pueden desarrollarse en igualdad de condiciones, aumenta su vinculación con la organización.

La diversidad cultural y la igualdad de género pueden contribuir a fortalecer ese sentimiento de pertenencia cuando se integran de manera natural en la cultura corporativa y no se limitan a iniciativas puntuales. La representación de diferentes perfiles, la escucha activa y el reconocimiento del valor que aporta cada persona ayudan a construir entornos laborales más cohesionados y participativos.

Organizaciones culturalmente diversas, más preparadas para aprovechar el talento

Las empresas diversas suelen estar más acostumbradas a gestionar equipos formados por personas con trayectorias, experiencias y perspectivas diferentes. Esta realidad favorece dinámicas de colaboración más abiertas y una mayor capacidad para identificar el potencial profesional en todas sus formas.

Cuando una organización amplía su mirada sobre qué significa aportar, liderar o tener éxito profesional, aumenta sus posibilidades de reconocer talento allí donde antes podía pasar desapercibido.

Esto resulta especialmente relevante tanto desde la perspectiva de la diversidad cultural como desde la igualdad de género. En ambos casos, el objetivo no consiste en tratar a todas las personas de la misma manera, sino en garantizar que todas tengan oportunidades reales para desarrollar sus capacidades y contribuir al éxito colectivo.

Retener talento significa conservar conocimiento, experiencia y capacidad de innovación dentro de la empresa. También supone reducir costes asociados a la rotación y fortalecer la estabilidad de los equipos. Por ello, construir entornos donde las personas quieran permanecer no es únicamente una cuestión de recursos humanos, sino una decisión estratégica para la competitividad de las organizaciones.

Las empresas que apuestan por la diversidad cultural y la igualdad de género están invirtiendo en culturas corporativas más abiertas, preparadas para responder a las expectativas de las plantillas actuales y futuras. Y cuando las personas encuentran espacios donde pueden crecer, participar y sentirse reconocidas, resulta mucho más probable que decidan seguir formando parte del proyecto.

En DIVEM trabajamos junto a las #EmpresasQueSuman para construir entornos laborales donde la diversidad cultural y la igualdad de oportunidades se conviertan en motores de compromiso, crecimiento y éxito compartido.

En DIVEM trabajamos para construir entornos laborales donde la diversidad cultural y la igualdad de oportunidades se conviertan en motores de compromiso, crecimiento y éxito compartido. ¡Únete a las #EmpresasQueSuman!

¿Estamos perdiendo talento sin darnos cuenta? El impacto de los sesgos culturales en la empresa

Las empresas dedican importantes esfuerzos a atraer, desarrollar y fidelizar talento. Sin embargo, en ocasiones existen factores que pueden influir en la identificación y valoración de ese talento sin que lleguen a ser plenamente visibles para quienes toman decisiones. Entre ellos se encuentran los sesgos culturales, una realidad que puede condicionar la manera en que interpretamos determinadas conductas, habilidades o formas de trabajar.

Lejos de responder a una intención consciente, estos sesgos suelen manifestarse a través de expectativas, referencias o creencias que hemos incorporado de forma natural a lo largo de nuestra trayectoria personal y profesional. En un entorno laboral cada vez más diverso, reflexionar sobre su impacto puede ayudar a las organizaciones a aprovechar mejor el potencial de las personas que forman parte de sus equipos.

Las personas tendemos a sentirnos más cómodas con aquello que conocemos. En el ámbito empresarial, esta tendencia puede llevarnos, de forma involuntaria, a valorar más positivamente perfiles, estilos de comunicación o maneras de trabajar que nos resultan familiares.

Por ejemplo, una persona que participa de forma frecuente en reuniones puede ser percibida como especialmente comprometida o preparada. Sin embargo, en otros contextos culturales la escucha activa y la reflexión antes de intervenir también pueden considerarse muestras de profesionalidad y respeto.

Del mismo modo, la forma de expresar desacuerdo, proponer ideas o relacionarse con figuras de autoridad puede variar entre unas personas y otras sin que ello afecte a su capacidad de aportar valor a la organización.

Cuando determinadas conductas se interpretan como universales, existe el riesgo de que algunas contribuciones pasen desapercibidas simplemente porque se manifiestan de una manera diferente a la que estamos acostumbrados a reconocer.

El impacto de las expectativas invisibles

Muchas organizaciones cuentan con procedimientos objetivos para seleccionar, evaluar o promocionar a las personas trabajadoras. No obstante, gran parte de las decisiones que se toman en el día a día también están influenciadas por percepciones subjetivas.

¿Qué entendemos por liderazgo? ¿Qué características asociamos al potencial profesional? ¿Qué comportamientos interpretamos como una muestra de iniciativa? Responder a estas preguntas no siempre es sencillo porque las respuestas suelen estar condicionadas por experiencias previas, modelos de referencia y normas informales que forman parte de la cultura organizativa.

Cuando una empresa amplía su mirada y reconoce que puede haber distintas formas de comunicar, liderar, colaborar o participar, aumenta sus posibilidades de identificar talento en toda su diversidad y de generar oportunidades más equitativas para el desarrollo profesional.

Analizar estos sesgos culturales no tiene como objetivo cuestionar cada decisión que se toma en la empresa. Más bien supone una invitación a reflexionar sobre cómo se construyen nuestras percepciones y qué impacto pueden tener en la identificación y valoración del talento. Las empresas que incorporan esta mirada suelen estar mejor preparadas para reconocer aportaciones diversas, aprovechar diferentes perspectivas y crear entornos donde más personas puedan desarrollar todo su potencial.

Además, cuando los equipos perciben que existen oportunidades reales para participar, contribuir y crecer profesionalmente, aumenta la confianza y se fortalece el sentimiento de pertenencia. Todo ello repercute positivamente en la cohesión interna y en la capacidad de la organización para afrontar nuevos retos.

Aprovechar todo el talento disponible

En un contexto empresarial donde la capacidad para atraer y fidelizar talento resulta cada vez más importante, prestar atención a los sesgos culturales puede convertirse en una ventaja competitiva.

No se trata de eliminar las diferencias ni de establecer una única forma correcta de actuar. Se trata de comprender que el talento puede manifestarse de formas diversas y que las organizaciones tienen la oportunidad de reconocerlo más allá de los modelos que tradicionalmente han servido como referencia.

Porque, en ocasiones, la pregunta más relevante no es si existe talento dentro de la empresa, sino si estamos sabiendo identificarlo en toda su amplitud.

En DIVEM trabajamos junto a las #EmpresasQueSuman para que la diversidad cultural se convierta en una oportunidad real para impulsar la innovación, la cohesión y el crecimiento empresarial. ¡Únete!

¿Está preparada tu empresa para lo que esperan las nuevas generaciones sobre diversidad cultural?

La llegada de nuevas generaciones al mercado laboral está llevando a muchas empresas a reflexionar sobre cómo atraer, desarrollar y fidelizar talento en un entorno cada vez más cambiante. Más allá de aspectos como la flexibilidad, el desarrollo profesional o el bienestar laboral, existe una cuestión que adquiere una relevancia creciente: la manera en que las organizaciones entienden y gestionan la diversidad cultural.

Las personas más jóvenes han crecido en sociedades cada vez más conectadas, donde convivir con diferentes culturas, lenguas, experiencias y formas de entender la realidad forma parte de la vida cotidiana. Esta realidad influye también en sus expectativas sobre el entorno laboral y sobre el papel que las empresas pueden desempeñar en la construcción de espacios más inclusivos y participativos.

Por ello, la gestión de la diversidad cultural se está convirtiendo progresivamente en un elemento que puede influir en la percepción que las nuevas generaciones tienen de una organización.

La diversidad cultural como parte de la realidad cotidiana

Para muchas personas jóvenes, la diversidad cultural no constituye una cuestión excepcional ni un aspecto que deba abordarse únicamente en momentos concretos. Forma parte de su experiencia habitual en ámbitos como la educación, el ocio, las redes sociales o las relaciones personales.

Esta normalización genera una expectativa cada vez más frecuente: encontrar organizaciones capaces de reflejar esa misma realidad en sus equipos, en su cultura corporativa y en sus formas de relacionarse.

En este contexto, las empresas tienen la oportunidad de demostrar que la diversidad cultural no es únicamente una característica de su plantilla, sino un valor que forma parte de su manera de entender el trabajo y la colaboración.

Las nuevas generaciones no solo prestan atención a los mensajes que transmiten las organizaciones, sino también a las prácticas que los respaldan. La forma en que se toman las decisiones, las oportunidades de participación existentes, la visibilidad de diferentes perfiles profesionales o la manera en que se escucha a las personas trabajadoras contribuyen a construir la imagen que proyecta una empresa.

Por ello, la gestión de la diversidad cultural adquiere mayor credibilidad cuando se integra de forma natural en la vida de la organización y se refleja en acciones concretas que favorecen la participación, el respeto y la igualdad de oportunidades.

Organizaciones donde las personas puedan aportar su talento

Otra de las tendencias que se observa en las nuevas generaciones es la búsqueda de entornos laborales donde las personas puedan desarrollarse profesionalmente sin renunciar a aspectos relevantes de su identidad o de su experiencia vital.

En este sentido, la diversidad cultural se convierte en una fuente de valor para las organizaciones cuando se generan espacios donde diferentes perspectivas contribuyen al aprendizaje, la innovación y la mejora continua.

Las empresas que promueven culturas corporativas abiertas a la pluralidad tienden a estar mejor preparadas para aprovechar el potencial que aporta una plantilla diversa y para construir equipos más enriquecidos por el intercambio de conocimientos y experiencias.

Una mirada hacia el futuro

La incorporación de nuevas generaciones al mercado laboral invita a las empresas a reflexionar sobre cómo evolucionan las expectativas de las personas trabajadoras y qué papel puede desempeñar la diversidad cultural en ese proceso.

Lejos de ser una tendencia pasajera, la capacidad de crear entornos donde todas las personas puedan participar, sentirse valoradas y aportar su talento constituye una oportunidad para fortalecer la cultura corporativa y mejorar la experiencia laboral.

Prepararse para este escenario no significa anticiparse únicamente a las necesidades del futuro, significa también responder a una realidad que ya forma parte del presente de muchas organizaciones.

¡Únete a DIVEM y a las #EmpresasQueSuman para descubrir cómo la gestión de la diversidad cultural puede ayudarte a conectar con las nuevas generaciones, atraer talento y construir organizaciones más inclusivas, innovadoras y preparadas para el futuro!

¡Únete a DIVEM y a las #EmpresasQueSuman para descubrir cómo la gestión de la diversidad cultural puede ayudarte a conectar con las nuevas generaciones, atraer talento y construir organizaciones más inclusivas, innovadoras y preparadas para el futuro!

Interculturalidad y clima laboral: el valor de construir equipos donde todas las personas puedan aportar

Cuando una empresa se plantea cómo mejorar su clima laboral, suele poner el foco en aspectos como el liderazgo, la comunicación, la conciliación o el bienestar de las personas trabajadoras. Sin embargo, existe otro elemento que desempeña un papel cada vez más relevante en las organizaciones: la manera en que se gestionan las relaciones entre personas con trayectorias, experiencias y referencias culturales diversas.

En un entorno empresarial donde la diversidad cultural forma parte de la realidad cotidiana de muchas plantillas, la interculturalidad se presenta como una oportunidad para fortalecer los vínculos entre las personas, enriquecer la colaboración y construir espacios de trabajo más participativos.

Lejos de ser una cuestión aislada, forma parte de aquellos factores que contribuyen a generar un clima laboral positivo y una cultura corporativa más sólida.

El clima laboral se construye en las relaciones cotidianas

A menudo se habla del clima laboral como si fuera un concepto abstracto o un indicador que únicamente puede medirse a través de encuestas. Sin embargo, el clima de una organización se construye cada día a través de las interacciones que tienen lugar en los equipos: la forma en que las personas se comunican, colaboran, comparten conocimientos o afrontan desafíos comunes.

Cuando las personas sienten que forman parte de un proyecto compartido, que sus aportaciones son valoradas y que pueden participar en igualdad de condiciones, aumenta su vinculación con la organización. Ese sentimiento de pertenencia repercute directamente en la calidad de las relaciones laborales y en la manera en que los equipos trabajan juntos.

La interculturalidad bien gestionada contribuye a reforzar esa sensación de pertenencia al promover entornos donde las diferencias no se perciben como barreras, sino como una fuente de aprendizaje mutuo y enriquecimiento colectivo.

Más allá de la diversidad: construir espacios de participación

Cuando la organización es capaz de generar espacios donde todas las personas puedan participar, expresar sus ideas y aportar su experiencia, la multiculturalidad pasa a ser interculturalidad, lo que implica reconocer que existen distintas formas de ver el mundo, de comunicarse y de abordar retos profesionales. Incorporar esta realidad a la vida de la empresa permite ampliar perspectivas y favorecer dinámicas de trabajo más abiertas y colaborativas.

Cuando las personas perciben que sus opiniones son escuchadas y que tienen la posibilidad de contribuir al desarrollo de la organización, aumenta la confianza y se refuerzan los vínculos entre los equipos. Estas condiciones son esenciales para construir un clima laboral basado en el respeto y la cooperación.

Una cultura corporativa que conecta a las personas

Las organizaciones no solo están formadas por procesos, objetivos o estructuras. También están formadas por personas que comparten experiencias, conocimientos y formas diferentes de entender la realidad.

Por ello, promover una mirada intercultural no consiste únicamente en reconocer la diversidad existente en la plantilla. Supone crear una cultura corporativa capaz de integrar esa pluralidad en la vida diaria de la empresa y convertirla en un elemento que fortalezca la cohesión.

Las organizaciones que fomentan entornos inclusivos suelen generar mayores oportunidades para la participación, el intercambio de ideas y el desarrollo profesional. Como resultado, las personas encuentran más espacios para aportar valor y construir relaciones de confianza con sus compañeros y compañeras.

De esta forma, la interculturalidad deja de entenderse como una cuestión vinculada exclusivamente a la diversidad para convertirse en una herramienta que ayuda a mejorar la experiencia de las personas dentro de la organización.

Favorecer el encuentro entre diferentes perspectivas, generar espacios de participación y promover relaciones basadas en el respeto y el reconocimiento contribuye a crear entornos de trabajo más cohesionados y enriquecedores para todas las personas.

¡Únete a DIVEM y a las #EmpresasQueSuman para descubrir cómo la interculturalidad puede ayudarte a fortalecer el clima laboral, impulsar la participación y construir equipos más cohesionados, diversos y comprometidos!

¡Únete a DIVEM y a las #EmpresasQueSuman para descubrir cómo la interculturalidad puede ayudarte a fortalecer el clima laboral, impulsar la participación y construir equipos más cohesionados, diversos y comprometidos!

Cómo la comunicación interna puede fortalecer el sentimiento de pertenencia en equipos culturalmente diversos

Cuando hablamos de gestión de la diversidad cultural en las empresas, solemos pensar en selección de talento, formación o liderazgo. Sin embargo, existe una herramienta cotidiana que influye de forma directa en la experiencia de las personas trabajadoras y que a menudo pasa desapercibida: la comunicación interna.

Cada mensaje compartido a través de una intranet, una newsletter, una reunión de equipo o un canal corporativo transmite mucho más que información. También comunica valores, prioridades y formas de entender la organización.

Por eso, incorporar la diversidad cultural a la comunicación interna no consiste únicamente en adaptar determinados contenidos o conmemorar fechas señaladas. Supone construir espacios donde todas las personas puedan sentirse reconocidas, escuchadas y parte activa del proyecto común.

La comunicación interna también construye cultura corporativa

Toda organización comunica constantemente quién es y cómo entiende las relaciones entre las personas que la integran. Los mensajes que se comparten, las imágenes que se utilizan, los testimonios que se visibilizan o las experiencias que se ponen en valor ayudan a definir la cultura corporativa y a reforzar determinados comportamientos y formas de participación.

En empresas con plantillas cada vez más diversas, la comunicación interna puede convertirse en un aliado para generar conexión entre personas con trayectorias, experiencias y referencias culturales diferentes. No se trata de destacar las diferencias, sino de crear narrativas compartidas en las que todas las personas encuentren su espacio.

A la hora de incorporar una mirada intercultural, puede resultar útil plantearse una cuestión sencilla: ¿Todas las personas de la organización pueden reconocerse en nuestra comunicación interna? La respuesta no depende únicamente del idioma o del contenido de los mensajes, también tiene que ver con aspectos como las historias que se cuentan dentro de la empresa, los perfiles profesionales que adquieren visibilidad, las imágenes que acompañan las comunicaciones, los espacios existentes para compartir opiniones y experiencias o el lenguaje utilizado en los mensajes corporativos.

Pequeñas decisiones cotidianas pueden contribuir a que la plantilla perciba que su realidad forma parte de la organización y de su relato colectivo.

De dar voz a representar la diversidad real de la empresa

Uno de los errores más frecuentes consiste en limitar la diversidad cultural a campañas específicas o acciones puntuales. Sin embargo, las empresas pueden generar un mayor impacto cuando incorporan la pluralidad de su plantilla de forma natural en la comunicación diaria.

Dar visibilidad a historias profesionales diversas, recoger experiencias de personas trabajadoras con diferentes trayectorias o promover espacios de escucha y participación son acciones que ayudan a reflejar la realidad de la organización desde una perspectiva más amplia e inclusiva.

De este modo, la diversidad cultural deja de percibirse como un aspecto externo para convertirse en una parte natural de la identidad corporativa.

Comunicar para conectar

La comunicación interna tiene un papel estratégico en la creación de entornos laborales donde las personas se sientan valoradas y parte de un proyecto compartido.

Cuando las organizaciones incorporan la diversidad cultural de manera transversal a sus mensajes, fortalecen la cohesión de los equipos, favorecen la participación y enriquecen su cultura corporativa.

Porque una comunicación más inclusiva no solo mejora los mensajes: también fortalece las organizaciones.

¡Únete a DIVEM y a las #EmpresasQueSuman para impulsar una comunicación interna que conecte, genere sentido de pertenencia y refleje la riqueza de la diversidad cultural en tu empresa!

Mujeres y diversidad cultural, protagonistas de una nueva realidad empresarial

Cada 11 de julio, el Día Mundial de la Población pone sobre la mesa cuestiones relacionadas con los cambios demográficos que están transformando nuestras sociedades. Para las empresas, sin embargo, la pregunta no debería ser únicamente cómo evolucionará la población en los próximos años, sino cómo responder a una realidad que ya está presente en sus organizaciones.

La diversidad cultural forma parte del día a día de muchas empresas. También lo hacen miles de mujeres con trayectorias vitales, académicas y profesionales construidas en contextos culturales diversos. Sin embargo, sus aportaciones siguen analizándose con frecuencia desde una perspectiva limitada, centrada en los retos de acceso al empleo o en las barreras que enfrentan.

Sin restar importancia a esas cuestiones, existe otra conversación necesaria: la del valor que estas profesionales aportan a las organizaciones y el papel que pueden desempeñar en su capacidad de adaptación, innovación y crecimiento.

Cuando cambia la población, cambian también las empresas

Los cambios demográficos no son fenómenos ajenos al entorno empresarial. Influyen en los mercados, en los perfiles profesionales disponibles, en las expectativas de las personas trabajadoras y en las características de los equipos.

Las organizaciones que operan en entornos cada vez más diversos necesitan comprender mejor una realidad social compleja y en constante evolución. Esto exige incorporar nuevas perspectivas, ampliar marcos de referencia y desarrollar una mayor capacidad para entender a clientes, proveedores y profesionales con experiencias muy distintas.

En este contexto, las mujeres con trayectorias culturales diversas no representan únicamente una parte de la población activa. También aportan conocimientos, experiencias y competencias que pueden ayudar a las empresas a desenvolverse con mayor eficacia en entornos diversos.

La cuestión no es cuántas personas forman parte de una organización, sino qué capacidad tiene esa organización para reconocer y aprovechar todo lo que esas personas pueden aportar.

El problema no siempre es la falta de talento

A menudo se habla de la necesidad de atraer talento. Sin embargo, muchas empresas podrían empezar por hacerse otra pregunta: ¿están aprovechando plenamente el talento que ya tienen?

Las mujeres culturalmente diversas suelen reunir experiencias que les han permitido desenvolverse en distintos contextos, adaptarse a entornos cambiantes, aprender a trabajar con referentes diversos y desarrollar una visión amplia de la realidad social y económica.

Estas capacidades pueden resultar especialmente valiosas en ámbitos como la internacionalización, la innovación, la gestión de equipos, el diseño de productos y servicios o la relación con mercados cada vez más diversos.

Sin embargo, en ocasiones estas aportaciones quedan fuera de los espacios de decisión o pasan desapercibidas porque las organizaciones continúan valorando determinados perfiles profesionales desde esquemas tradicionales.

Reconocer el talento implica también revisar la forma en que identificamos el potencial, el liderazgo y la contribución al éxito empresarial.

Una ventaja competitiva en un entorno cada vez más diverso

Las empresas necesitan comprender mejor a una sociedad que ya es diversa. No solo porque sus plantillas lo sean, sino porque también lo son sus clientes, sus proveedores y los territorios en los que desarrollan su actividad. Contar con profesionales que aportan experiencias culturales diversas puede convertirse en una ventaja estratégica para interpretar nuevas realidades, detectar oportunidades y anticipar cambios.

Las mujeres que han desarrollado su trayectoria entre distintos contextos culturales suelen acumular conocimientos y perspectivas que enriquecen los procesos de análisis y toma de decisiones. Esta diversidad de experiencias contribuye a cuestionar enfoques únicos, ampliar la mirada sobre los problemas y generar respuestas más creativas e innovadoras.

No se trata de atribuir capacidades especiales a un colectivo determinado. Se trata de reconocer que las experiencias diversas generan conocimientos diversos y que las organizaciones más preparadas para el futuro serán aquellas capaces de integrar esa riqueza en su funcionamiento cotidiano.

Una mirada necesaria para construir el futuro

Los cambios demográficos seguirán transformando nuestras sociedades durante las próximas décadas. Las empresas que mejor se adapten serán aquellas que comprendan que la diversidad no es una tendencia pasajera ni una cuestión exclusivamente vinculada a la responsabilidad social.

Es una realidad que ya forma parte de la actividad empresarial y que puede convertirse en una fuente de conocimiento, innovación y competitividad.

Desde DIVEM promovemos una gestión de la diversidad cultural que permita avanzar hacia entornos laborales más inclusivos y participativos, donde todas las personas puedan desarrollar su potencial y aportar valor desde sus conocimientos y experiencias.