Para empezar, desde su experiencia, ¿qué papel están jugando las alianzas entre empresas y tercer sector dentro de la RSC, especialmente en temas como la diversidad cultural?
Las alianzas entre empresas y tercer sector están dejando de ser algo puntual o reputacional para convertirse en una herramienta estratégica de transformación. Por lo menos así está sucediendo en bastantes organizaciones corresponsables, como podemos apreciar en el Anuario Corresponsables y en todo lo que hacemos y eso es una gran noticia. Aunque está claro que aún falta mucho por hacer y avanzar en esta materia para que realmente las alianzas sean estratégicas y basadas en un claro win-win.
En ámbitos por ejemplo como la diversidad cultural pero del mismo modo en otros, el tercer sector aporta algo especialmente valioso: conocimiento profundo de las realidades sociales, experiencia de intervención y una conexión directa con colectivos y desafíos que muchas empresas todavía conocen de forma limitada.
Por tanto, desde Corresponsables observamos que afortunadamente cada vez más compañías están entendiendo que no pueden abordar retos complejos como la inclusión, la cohesión social o la gestión de la diversidad únicamente desde dentro. Necesitan escuchar, colaborar y construir junto a organizaciones especializadas como Accem.
¿Está percibiendo que estas colaboraciones están influyendo en la forma en que las empresas entienden y desarrollan un liderazgo más inclusivo?
Sí, claramente. Como decía antes, cada vez vemos más líderes empresariales que comprenden que el liderazgo inclusivo no consiste solo en gestionar diversidad, sino en generar entornos donde distintas perspectivas puedan participar, aportar y sentirse representadas.
La colaboración con entidades sociales está ayudando a muchas organizaciones a desarrollar una mirada más empática, más cercana a la realidad social y más consciente de los sesgos culturales que todavía existen en el entorno laboral.
También está cambiando el lenguaje y las prioridades. Antes muchas empresas hablaban de diversidad desde un enfoque más teórico o normativo. Ahora empieza a hablarse más de escucha, pertenencia, equidad y cohesión, conceptos mucho más vinculados a la cultura organizativa y al liderazgo real.
En el día a día de las organizaciones, ¿cree que estas alianzas están ayudando a integrar mejor la diversidad cultural en la gestión de equipos y en la cultura interna?
Sin duda. Las organizaciones sociales están contribuyendo a que las empresas pasen de la sensibilización a la implementación práctica.
Esto se traduce en procesos de selección más inclusivos, formación específica para mandos intermedios, revisión de sesgos en comunicación interna, acompañamiento en políticas inclusivas y generación de espacios de diálogo más diversos.
Pero quizá el cambio más importante es cultural. Cuando la diversidad cultural se integra bien, deja de percibirse como un “tema de RRHH” y empieza a formar parte de la identidad y de la manera de trabajar de la organización.
Además, en un contexto global y multicultural, gestionar bien la diversidad ya no es solo una cuestión ética o social: también impacta en innovación, atracción de talento, reputación y capacidad de adaptación.
Desde su visión, ¿diría que este tipo de colaboración está contribuyendo a que las empresas avancen de forma más coherente en sus compromisos en sostenibilidad?
Sí, porque la sostenibilidad exige ser lo más coherentes posibles entre lo que se dice y se hace y la coherencia se demuestra especialmente en la dimensión social.
Hoy las empresas están cada vez más expuestas al escrutinio de empleados, consumidores, inversores y sociedad. Ya no basta con comunicar compromisos; es necesario demostrar impacto real y consistencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Como vemos en los medios de comunicación Corresponsables, las alianzas con el tercer sector ayudan precisamente a eso: a conectar la estrategia ESG con necesidades sociales reales y con iniciativas más auténticas, creíbles y transformadoras.
Además, aportan legitimidad y aprendizaje mutuo. Las empresas aportan capacidad de gestión, innovación y escalabilidad; las entidades sociales aportan conocimiento social, proximidad y propósito. Cuando esa colaboración es genuina, el resultado suele ser mucho más sólido y sostenible en el tiempo.
Y por último, ¿qué tendencias o ejemplos le parecen más interesantes en la relación entre empresa y tercer sector en este ámbito?
Estamos viendo varias tendencias especialmente interesantes. Por un lado, el paso de acciones aisladas a alianzas a largo plazo, donde empresa y entidad social trabajan conjuntamente en objetivos compartidos y con indicadores de impacto.
También crecen mucho las iniciativas centradas en empleabilidad inclusiva, integración sociolaboral y formación intercultural, especialmente vinculadas a colectivos vulnerables, personas migrantes o jóvenes en riesgo de exclusión.
Otra tendencia relevante es la incorporación de la diversidad cultural dentro de la estrategia global de sostenibilidad y no solo dentro de programas específicos de diversidad. Esto refleja una visión más madura e integrada del ESG.
Y, finalmente, vemos un interés creciente por medir impacto social real. Las organizaciones ya no quieren solo “hacer iniciativas”, sino entender cómo contribuyen a mejorar la cohesión, el bienestar, la inclusión y la confianza dentro y fuera de la empresa.
En ese sentido, creemos que la colaboración entre empresa y tercer sector seguirá siendo uno de los grandes motores de innovación social y sostenibilidad empresarial en los próximos años. También hay que ser muy claros. Falta mucho camino por avanzar en esta materia y este camino lo debemos hacer juntos. Precisamente por eso la alianza de Corresponsables con Accem.
Liderazgo inclusivo y responsable: competencias interculturales con perspectiva de género
/en DIVEM y mujer, Diversidad cultural, Responsabilidad SocialEl liderazgo inclusivo es una de las claves para construir entornos de trabajo donde todas las personas puedan participar, aportar y desarrollarse. No se trata solo de gestionar equipos diversos, sino de hacerlo de forma consciente, reconociendo que cada persona llega con una trayectoria, unas referencias culturales y unas experiencias marcadas también por el género. Desde este enfoque, liderar implica generar condiciones reales de participación, donde las diferencias no se diluyen, sino que se integran como una fuente de valor para el equipo.
Cuando incorporamos la diversidad cultural y la perspectiva de género, liderar adquiere una dimensión más completa. Supone prestar atención a cómo influyen los distintos marcos culturales en la forma de expresarse, de relacionarse o de asumir responsabilidades, así como a las desigualdades o barreras que pueden estar presentes en función del género. Este tipo de liderazgo no parte de suposiciones, sino de la escucha, la observación y el compromiso por construir entornos más equitativos, donde todas las personas tengan las mismas oportunidades de contribuir y avanzar.
Hablamos, en definitiva, de un liderazgo capaz de reconocer cómo la cultura y el género influyen en la forma en que las personas comunican, toman decisiones, acceden a oportunidades o ejercen su voz en la organización. Un enfoque que no busca homogeneizar, sino crear espacios donde cada persona pueda contribuir desde su propia realidad.
Competencias clave para un liderazgo inclusivo
Conciencia intercultural y de género
Comprender que las desigualdades no se producen de forma aislada. La interacción entre cultura y género puede generar experiencias diferenciadas en el entorno laboral. Una persona líder inclusiva identifica estos matices y actúa para minimizar brechas.
Comunicación inclusiva y sensible a la diversidad
Escuchar activamente, adaptar el lenguaje y facilitar que todas las voces sean escuchadas resulta esencial. Esto implica prestar atención a posibles sesgos culturales o de género que puedan influir en la participación.
Gestión equitativa del talento
Promover el acceso igualitario a oportunidades de desarrollo, teniendo en cuenta posibles barreras invisibles que afectan especialmente a mujeres de diferentes orígenes culturales.
Capacidad de aprendizaje continuo
El liderazgo intercultural no es estático. Requiere apertura, curiosidad y disposición para revisar prácticas, desaprender sesgos y evolucionar.
Creación de entornos seguros e inclusivos
Fomentar espacios donde las personas puedan expresarse sin temor a ser juzgadas es fundamental para impulsar la participación y el compromiso.
¿Por qué es importante para las empresas?
Integrar estas competencias no solo contribuye a avanzar hacia la igualdad, sino que también fortalece la cohesión de los equipos, mejora la toma de decisiones y potencia la innovación. Apostar por este enfoque permite construir culturas organizativas más responsables y alineadas con una correcta gestión de la diversidad cultural.
Pero, además, supone una ventaja real en el día a día de las organizaciones. Un liderazgo con competencias interculturales y perspectiva de género facilita la prevención de conflictos derivados de malentendidos culturales o sesgos inconscientes, mejora el clima laboral y refuerza el sentido de pertenencia de las personas trabajadoras.
También permite aprovechar mejor el talento disponible. Cuando las empresas crean entornos donde todas las personas tienen oportunidades reales de participar y desarrollarse, se amplía la capacidad de los equipos para aportar ideas, adaptarse a distintos contextos y responder de forma más eficaz a las necesidades de una sociedad diversa.
En este sentido, impulsar este tipo de liderazgo no es solo una cuestión de compromiso social, sino una decisión estratégica que impacta directamente en la competitividad, la reputación y la sostenibilidad de la empresa a medio y largo plazo.
Sumando desde la práctica
En DIVEM trabajamos junto a las empresas para impulsar este tipo de liderazgo, integrando la diversidad cultural como un valor estratégico y promoviendo entornos laborales donde la igualdad de oportunidades sea una realidad compartida.
Apostar por competencias interculturales en el liderazgo es apostar por equipos más diversos, más comprometidos y con mayor capacidad de generar impacto positivo.
¡Únete a las #EmpresasQueSuman!
Regularización y talento diverso: nuevas oportunidades para las empresas
/en Eventos DIVEM, Responsabilidad SocialEn el marco del Mes Europeo de la Diversidad y coincidiendo con el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, el programa DIVEM celebró el pasado 22 de mayo el encuentro digital “Regularización y talento diverso: nuevas oportunidades para las empresas”, un espacio de reflexión dirigido a organizaciones comprometidas con una gestión más inclusiva, equitativa y sostenible del talento.
La sesión se enmarcó en un contexto especialmente significativo, en el que la diversidad cultural se reafirma como una realidad incuestionable del mercado laboral y, al mismo tiempo, como una oportunidad estratégica para las empresas. Desde esta premisa, el encuentro puso el foco en el papel que pueden desempeñar las empresas en los procesos de regularización administrativa de personas migrantes, conectando este reto con la atracción y fidelización del talento diverso.
Un espacio para avanzar desde el compromiso empresarial
Uno de los ejes centrales del diálogo fue el papel de las empresas como agentes activos de transformación social. A lo largo de la conversación, se compartieron ideas clave sobre cómo avanzar hacia entornos laborales más diversos e inclusivos.
David Serrano, CEO de Highlander, puso el acento en el impacto global de la empresa en la sociedad, destacando que las decisiones internas tienen una repercusión directa en el entorno social. Desde una perspectiva práctica, subrayó que apostar por la diversidad no solo es una cuestión ética, sino también una decisión estratégica que genera beneficios claros para la organización.
En esta misma línea, se destacó una idea transversal que funcionó como leitmotiv durante todo el encuentro:
El papel del enfoque jurídico en los procesos de regularización
La sesión contó también con la participación de Judith García, responsable del Eje Jurídico en Accem, quien aportó una visión clave sobre los procesos de regularización administrativa vinculados a la incorporación de talento diverso. Su intervención permitió contextualizar el marco normativo y acercar a las empresas a una realidad compleja que, gestionada adecuadamente, puede convertirse en una oportunidad.
Desde este enfoque, se puso en valor la importancia de que las organizaciones comprendan mejor los procedimientos legales, reduciendo incertidumbres y facilitando una incorporación más segura, ordenada y alineada con la normativa. Su aportación reforzó la idea de que el conocimiento jurídico es un aliado fundamental para avanzar en la gestión estratégica de la diversidad cultural.
Claves para una gestión eficaz de la diversidad
Belén Gómez, gestora de proyectos en Oficina de Gestión de Fondos Europeos en Fundación Mapfre, aportó una visión estructurada sobre los pasos que pueden seguir las empresas para convertirse en verdaderos agentes de cambio:
Este enfoque refuerza la idea de que la diversidad cultural debe integrarse de manera transversal, como parte del ADN de la organización.
Diversidad, sostenibilidad y competitividad
Desde el ámbito académico, María Rosario Alonso, Directora de la Cátedra Concepción Arenal de Agenda 2030 en la Universidad de Oviedo, destacó la relación directa entre sostenibilidad, competitividad y diversidad, subrayando que ya no se trata únicamente de un compromiso moral, sino de una apuesta estratégica con impacto tangible.
Según señaló, las organizaciones que integran principios como el trabajo decente, la igualdad de oportunidades y la no discriminación no solo reducen impactos negativos, sino que generan beneficios concretos en términos de rentabilidad, acceso a financiación, reputación corporativa y sostenibilidad a largo plazo.
Este cambio de enfoque implica pasar de percibir la diversidad como un intangible a reconocerla como un activo clave para la competitividad empresarial.
Finalmente, el encuentro concluyó poniendo en valor la importancia de la sensibilización y la acción colectiva como motores de cambio. A través del diálogo y el intercambio de experiencias, se reforzó la idea de que avanzar hacia organizaciones más inclusivas es una responsabilidad compartida que beneficia tanto a las empresas como al conjunto de la sociedad.
Marcos González, presidente de Corresponsables: “Las alianzas entre empresas y tercer sector son una herramienta estratégica de transformación”
/en Buenas prácticasPara empezar, desde su experiencia, ¿qué papel están jugando las alianzas entre empresas y tercer sector dentro de la RSC, especialmente en temas como la diversidad cultural?
Las alianzas entre empresas y tercer sector están dejando de ser algo puntual o reputacional para convertirse en una herramienta estratégica de transformación. Por lo menos así está sucediendo en bastantes organizaciones corresponsables, como podemos apreciar en el Anuario Corresponsables y en todo lo que hacemos y eso es una gran noticia. Aunque está claro que aún falta mucho por hacer y avanzar en esta materia para que realmente las alianzas sean estratégicas y basadas en un claro win-win.
En ámbitos por ejemplo como la diversidad cultural pero del mismo modo en otros, el tercer sector aporta algo especialmente valioso: conocimiento profundo de las realidades sociales, experiencia de intervención y una conexión directa con colectivos y desafíos que muchas empresas todavía conocen de forma limitada.
Por tanto, desde Corresponsables observamos que afortunadamente cada vez más compañías están entendiendo que no pueden abordar retos complejos como la inclusión, la cohesión social o la gestión de la diversidad únicamente desde dentro. Necesitan escuchar, colaborar y construir junto a organizaciones especializadas como Accem.
¿Está percibiendo que estas colaboraciones están influyendo en la forma en que las empresas entienden y desarrollan un liderazgo más inclusivo?
Sí, claramente. Como decía antes, cada vez vemos más líderes empresariales que comprenden que el liderazgo inclusivo no consiste solo en gestionar diversidad, sino en generar entornos donde distintas perspectivas puedan participar, aportar y sentirse representadas.
La colaboración con entidades sociales está ayudando a muchas organizaciones a desarrollar una mirada más empática, más cercana a la realidad social y más consciente de los sesgos culturales que todavía existen en el entorno laboral.
También está cambiando el lenguaje y las prioridades. Antes muchas empresas hablaban de diversidad desde un enfoque más teórico o normativo. Ahora empieza a hablarse más de escucha, pertenencia, equidad y cohesión, conceptos mucho más vinculados a la cultura organizativa y al liderazgo real.
En el día a día de las organizaciones, ¿cree que estas alianzas están ayudando a integrar mejor la diversidad cultural en la gestión de equipos y en la cultura interna?
Sin duda. Las organizaciones sociales están contribuyendo a que las empresas pasen de la sensibilización a la implementación práctica.
Esto se traduce en procesos de selección más inclusivos, formación específica para mandos intermedios, revisión de sesgos en comunicación interna, acompañamiento en políticas inclusivas y generación de espacios de diálogo más diversos.
Pero quizá el cambio más importante es cultural. Cuando la diversidad cultural se integra bien, deja de percibirse como un “tema de RRHH” y empieza a formar parte de la identidad y de la manera de trabajar de la organización.
Además, en un contexto global y multicultural, gestionar bien la diversidad ya no es solo una cuestión ética o social: también impacta en innovación, atracción de talento, reputación y capacidad de adaptación.
Desde su visión, ¿diría que este tipo de colaboración está contribuyendo a que las empresas avancen de forma más coherente en sus compromisos en sostenibilidad?
Sí, porque la sostenibilidad exige ser lo más coherentes posibles entre lo que se dice y se hace y la coherencia se demuestra especialmente en la dimensión social.
Hoy las empresas están cada vez más expuestas al escrutinio de empleados, consumidores, inversores y sociedad. Ya no basta con comunicar compromisos; es necesario demostrar impacto real y consistencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Como vemos en los medios de comunicación Corresponsables, las alianzas con el tercer sector ayudan precisamente a eso: a conectar la estrategia ESG con necesidades sociales reales y con iniciativas más auténticas, creíbles y transformadoras.
Además, aportan legitimidad y aprendizaje mutuo. Las empresas aportan capacidad de gestión, innovación y escalabilidad; las entidades sociales aportan conocimiento social, proximidad y propósito. Cuando esa colaboración es genuina, el resultado suele ser mucho más sólido y sostenible en el tiempo.
Y por último, ¿qué tendencias o ejemplos le parecen más interesantes en la relación entre empresa y tercer sector en este ámbito?
Estamos viendo varias tendencias especialmente interesantes. Por un lado, el paso de acciones aisladas a alianzas a largo plazo, donde empresa y entidad social trabajan conjuntamente en objetivos compartidos y con indicadores de impacto.
También crecen mucho las iniciativas centradas en empleabilidad inclusiva, integración sociolaboral y formación intercultural, especialmente vinculadas a colectivos vulnerables, personas migrantes o jóvenes en riesgo de exclusión.
Otra tendencia relevante es la incorporación de la diversidad cultural dentro de la estrategia global de sostenibilidad y no solo dentro de programas específicos de diversidad. Esto refleja una visión más madura e integrada del ESG.
Y, finalmente, vemos un interés creciente por medir impacto social real. Las organizaciones ya no quieren solo “hacer iniciativas”, sino entender cómo contribuyen a mejorar la cohesión, el bienestar, la inclusión y la confianza dentro y fuera de la empresa.
En ese sentido, creemos que la colaboración entre empresa y tercer sector seguirá siendo uno de los grandes motores de innovación social y sostenibilidad empresarial en los próximos años. También hay que ser muy claros. Falta mucho camino por avanzar en esta materia y este camino lo debemos hacer juntos. Precisamente por eso la alianza de Corresponsables con Accem.
Acercamiento a la realidad de personas refugiadas y migrantes para construir organizaciones más inclusivas
/en Actualidad DIVEM, Buenas prácticas, Diversidad culturalLas acciones de acercamiento a la realidad que impulsamos desde el programa permiten a las empresas y organizaciones vivir experiencias directas que conectan a sus equipos con las trayectorias, capacidades y aportaciones de las personas migrantes y refugiadas. No se trata solo de conocer, sino de comprender, compartir y construir desde un plano horizontal.
A través de estas iniciativas facilitamos espacios donde las personas empleadas y las personas migrantes y refugiadas se encuentran en igualdad, desde el respeto y el aprendizaje mutuo. Estos espacios favorecen el diálogo abierto y la escucha activa, permiten cuestionar estereotipos y ampliar miradas, además de poner el foco en las capacidades, experiencias y talento de las personas.
Sensibilizar para transformar
Estas acciones contribuyen a generar espacios laborales donde las diferencias no se perciben como obstáculos, sino como elementos que enriquecen el trabajo en equipo. De esta manera, las organizaciones que participan en estas acciones no solo conocen mejor el contexto de la diversidad cultural, sino que avanzan en su capacidad para gestionarla de forma inclusiva.
De esta manera, las empresas que participan y aprovechan estas oportunidades aprenden a desarrollar nuevas competencias y aprovechar el potencial de generar entornos laborales más cohesionados, fomentar culturas corporativas abiertas y respetuosas e iIdentificar y potenciar el talento diverso dentro y fuera de la organización.
En definitiva, impulsa organizaciones más preparadas para responder a una sociedad diversa.
La diversidad cultural como motor
Uno de los elementos centrales de estas acciones es visibilizar y reconocer el talento de las personas migrantes y refugiadas.
En muchos casos, sus capacidades, trayectorias profesionales y competencias quedan en un segundo plano frente a estereotipos o percepciones limitadas. Las experiencias de acercamiento permiten cambiar este enfoque y poner el acento en lo que realmente aporta valor como la capacidad de adaptación y resiliencia, la experiencia en contextos diversos, las competencias interculturales o la innovación que surge de perspectivas diferentes.
En DIVEM trabajamos para que la diversidad cultural se entienda como un valor estratégico. Las acciones de acercamiento a la realidad son una herramienta clave para avanzar en este camino: ayudan a integrar la diversidad en el día a día de las empresas, desde las personas y para las personas.
En definitiva, acercar realidades es acercar a las personas. Es generar oportunidades para escuchar, comprender y construir desde la diversidad.
Y es, también, un paso clave para que las organizaciones alineen su cultura con los retos y oportunidades del entorno social diverso actual.
Si tu organización quiere dar este paso, en DIVEM podemos acompañaros en el diseño e implementación de acciones de acercamiento a la realidad adaptadas a vuestro contexto y equipo. ¡Contáctanos!
Cómo impulsar el diálogo intercultural en las organizaciones
/en Buenas prácticas, Diversidad culturalEn el marco del Mes de la Diversidad Cultural, desde DIVEM queremos poner el acento en uno de los pilares que permiten avanzar hacia entornos laborales más inclusivos: el diálogo intercultural. Más allá de la convivencia de distintas culturas en un mismo espacio de trabajo, el verdadero valor surge cuando generamos oportunidades reales para el intercambio, la escucha y el reconocimiento mutuo.
Impulsar este diálogo no es una acción puntual, sino parte de un proceso que contribuye a construir organizaciones más cohesionadas, innovadoras y sostenibles.
Activar el potencial de la diversidad cultural en los equipos
El punto de partida para fomentar el diálogo intercultural es generar entornos en los que las personas se sientan seguras para expresarse. Cuando existe confianza, las conversaciones dejan de ser superficiales y pasan a ser auténticas.
Esto implica cuidar cómo nos comunicamos en el día a día: favorecer la escucha activa, prestar atención al lenguaje y abrir espacios donde todas las voces tengan cabida. En este contexto, no se trata solo de hablar, sino de escuchar desde la curiosidad y el respeto, entendiendo que cada experiencia aporta una mirada valiosa.
Muchas organizaciones cuentan con equipos culturalmente diversos, pero no siempre logran convertir esa diversidad en una oportunidad de aprendizaje mutuo.
Integrar la diversidad en los espacios de trabajo —ya sea a través de dinámicas participativas, momentos de intercambio o iniciativas internas— permite avanzar de la simple convivencia a una interacción más rica y consciente. Este paso es clave para fortalecer el sentido de pertenencia y mejorar la colaboración.
Desarrollar competencias para entendernos mejor
El diálogo intercultural también requiere habilidades. No siempre es sencillo interpretar formas de comunicación o comportamientos diferentes a los propios, y ahí es donde entran en juego competencias como la empatía, la flexibilidad o la capacidad de gestionar malentendidos.
Invertir en sensibilización y formación permite a los equipos desenvolverse mejor en contextos diversos, facilitando relaciones más fluidas y un mejor clima laboral.
Impulsar el diálogo intercultural no responde a una fórmula cerrada. Es un proceso vivo que evoluciona con la organización. Escuchar a las personas, evaluar lo que funciona y adaptar las iniciativas permite consolidar avances y seguir generando impacto. En este sentido, la clave está en entender que cada paso suma.
Contar con herramientas y acompañamiento marca la diferencia
En este camino, disponer de apoyo especializado facilita avanzar de forma estructurada. Desde DIVEM acompañamos a las empresas en la gestión de la diversidad cultural, adaptándonos a su punto de partida y a sus necesidades.
Este proceso puede comenzar con un diagnóstico, que permite conocer la situación de la organización, e incorporar informes y análisis que orienten la toma de decisiones. A partir de ahí, se desarrollan acciones concretas que favorecen el diálogo y la sensibilización.
En el contexto del Mes de la Diversidad Cultural, por ejemplo, se impulsan iniciativas como un encuentro digital o acciones de acercamiento a distintas realidades culturales, que generan espacios de intercambio directo dentro de las empresas.
Pero más allá de las acciones puntuales, el elemento clave es el acompañamiento continuo. Un trabajo conjunto que permite resolver dudas, ajustar iniciativas y seguir avanzando de manera sostenida, integrando la diversidad cultural en la cultura organizativa.
Desde DIVEM acompañamos a las empresas en este recorrido, convencidos de que promover el diálogo intercultural es apostar por entornos laborales más inclusivos y conectados con la realidad.
Mayo, mes de la diversidad cultural con DIVEM: una invitación a actuar desde la empresa
/en Actualidad DIVEM, Diversidad cultural, Eventos DIVEMLa diversidad cultural no es un escenario futuro. Es una realidad presente en nuestras empresas, en los equipos y en los entornos de trabajo.
Cada mes de mayo, la Unión Europea sitúa esta realidad en el centro del debate público con el Mes Europeo de la Diversidad, una iniciativa que reconoce que la inclusión no avanza sola: necesita movimiento, decisiones y compromiso por parte de las organizaciones.
Desde DIVEM compartimos esta mirada, ya que la diversidad cultural no se gestiona desde la distancia ni desde los discursos. Se gestiona actuando. Por eso, participar en el Mes de la Diversidad no va de celebrar fechas, sino de asumir un rol activo como empresa, revisando cómo se toman decisiones que afectan a personas culturalmente diversas; interviniendo cuando aparecen actitudes, dinámicas o barreras excluyentes; abriendo espacios donde esas realidades no se ignoran, sino que se abordan… Son acciones concretas, cotidianas, que marcan la diferencia entre coexistir y construir entornos realmente inclusivos.
Sumar desde la acción: propuestas de DIVEM durante el Mes de la Diversidad Cultural
Durante este Mes de la Diversidad Cultural, desde DIVEM impulsamos acciones concretas dirigidas a empresas que quieren entender mejor los cambios que se están produciendo en el mercado laboral y actuar en consecuencia. Las propuestas de este año ponen el acento en una realidad cada vez más presente: la regularización de personas migrantes como vía de incorporación de nuevo talento culturalmente diverso a las organizaciones.
En este marco se celebra el encuentro empresarial digital titulado “Regularización y talento diverso: nuevas oportunidades para las empresas”, orientado a abordar cómo los procesos de regularización están ampliando el acceso a perfiles profesionales diversos y cualificados, y qué implicaciones tiene esto para las empresas. El encuentro ofrece un espacio para analizar el contexto actual, compartir claves prácticas y reflexionar sobre cómo las organizaciones pueden prepararse para integrar este talento de forma eficaz, sostenible e inclusiva. Una cuestión especialmente relevante en un momento en el que muchas empresas afrontan dificultades para cubrir determinadas posiciones y atraer perfiles adecuados.
Junto a este espacio de análisis y diálogo, DIVEM desarrolla acciones de acercamiento a la realidad de las personas migrantes y refugiadas, que permiten a las empresas comprender mejor las trayectorias, los obstáculos y las oportunidades asociados a la inclusión sociolaboral. A través de charlas, talleres y espacios de intercambio, estas acciones facilitan una aproximación directa y humana que ayuda a contextualizar los procesos de incorporación, reducir prejuicios y mejorar la gestión de equipos culturalmente diversos.
A estas iniciativas se suman las propuestas culturales de literatura, cine y televisión, desde DIVEM aportamos una visión más lúdica y se invita a las empresas a acercarse a estas realidades desde otros lenguajes y narrativas. Además, también visibilizamos a través de perfiles reales a personas culturalmente diversas que inspiran, mostrando trayectorias, capacidades y aportaciones concretas de personas diversas que ya están desarrollando su talento en distintos ámbitos profesionales. Estas historias permiten a las empresas conectar la diversidad cultural con el empleo en términos reales, alejándose de estereotipos y acercándose a una visión más ajustada del talento diverso que forma parte del mercado laboral.
Sumarse a estas acciones permite a las empresas anticiparse a los cambios del mercado laboral, incorporar conocimiento útil y reforzar su capacidad para atraer, integrar y fidelizar talento diverso. El Mes de la Diversidad Cultural se convierte así en un marco para actuar, aprender y avanzar desde la práctica, conectando diversidad cultural, gestión de personas y sostenibilidad empresarial.
Desde DIVEM entendemos este mes como una oportunidad para activar cambios, grandes o pequeños, pero reales para seguir avanzando en introducir la mirada intercultural en la gestión del talento y asumir que la inclusión es una responsabilidad compartida.
¡Súmate al Mes de la diversidad cultural con DIVEM!
Por qué la diversidad cultural impulsa el bienestar en las empresas
/en Buenas prácticas, Diversidad culturalLa diversidad cultural se está consolidado como una palanca clave para mejorar el rendimiento y la sostenibilidad de las organizaciones. Pero su impacto va mucho más allá de los indicadores económicos: también es un motor directo de bienestar en los entornos laborales. Cuando una empresa integra la diversidad cultural desde un enfoque inclusivo, crea espacios más humanos, seguros y motivadores, donde las personas pueden desarrollarse plenamente.
En DIVEM entendemos la diversidad cultural como un elemento estratégico y transversal. No es una acción puntual ni una tendencia pasajera: es un enfoque que transforma profundamente la cultura organizacional. Y lo hace en sintonía con las iniciativas globales que hoy marcan el camino de la sostenibilidad empresarial, especialmente el Pacto Mundial de la ONU, la mayor iniciativa de responsabilidad corporativa del mundo
La convivencia entre personas con distintos orígenes culturales aporta nuevas formas de comunicarse, de trabajar y de comprender la realidad. Esto favorece entornos laborales más abiertos, empáticos y flexibles. En equipos culturalmente diversos, las personas desarrollan habilidades como la escucha activa, la tolerancia y la adaptación, que contribuyen directamente a mejorar la calidad del clima laboral.
Cuando una persona siente que puede mostrarse tal cual es, sin temor a prejuicios, aumenta su bienestar emocional. Esa sensación de pertenencia y reconocimiento es indispensable para que los equipos trabajen con confianza y compromiso.
Bienestar emocional y sentido de pertenencia
La diversidad cultural refuerza vínculos y genera relaciones más sólidas y respetuosas. Las empresas que la promueven de manera activa ven cómo disminuyen los malentendidos, las tensiones y la sensación de aislamiento. Esto se traduce en mayor motivación, seguridad emocional y participación.
En un contexto globalizado, donde cada vez más personas trabajan lejos de su país de origen, poner en valor su bagaje cultural no solo es un gesto de inclusión: es una forma efectiva de mejorar su bienestar y su integración en el proyecto común.
Una empresa que adopta un enfoque intercultural tiene más recursos para comprender y gestionar los diferentes códigos culturales de su plantilla. Esto reduce conflictos, previene malentendidos y permite abordar las divergencias de forma constructiva.
La flexibilidad y la apertura al cambio —características comunes en equipos culturalmente diversos— disminuyen la presión laboral y ayudan a los equipos a enfrentar la incertidumbre con más resiliencia. En consecuencia, las personas experimentan menos estrés y mayor equilibrio emocional.
Pacto Mundial: diversidad, derechos humanos y bienestar
La apuesta por la diversidad cultural en las empresas está en línea con los principios y las recomendaciones del Pacto Mundial de Naciones Unidas, que sitúa los derechos humanos, la igualdad y la no discriminación como elementos centrales de la sostenibilidad empresarial.
El Pacto Mundial establece que las empresas deben apoyar y respetar los derechos humanos internacionalmente reconocidos (Principio 1) y eliminar la discriminación en materia de empleo y ocupación (Principio 6). Este marco sitúa la diversidad —incluida la cultural— como un requisito básico para construir entornos seguros, equitativos y libres de discriminación.
Además, diferentes redes nacionales del Pacto Mundial destacan la relación directa entre diversidad, bienestar y sostenibilidad. Por ejemplo, el trabajo del UN Global Compact Network UK subraya que promover la diversidad, la equidad y la inclusión en los lugares de trabajo contribuye a los ODS relacionados con la salud y el bienestar (ODS 3), el trabajo decente (ODS 8) y la reducción de desigualdades (ODS 10).
Del mismo modo, el Pacto Mundial en España impulsa iniciativas para integrar la inclusión en la estrategia empresarial y fortalecer la sostenibilidad, como procesos de consulta empresarial, guías para avanzar en igualdad o herramientas para evaluar políticas de diversidad e inclusión. Esta visión refuerza que la diversidad cultural no es solo un valor social, sino un pilar que contribuye al bienestar y al desarrollo sostenible del tejido empresarial.
Además, el propio Pacto Mundial señala que la diversidad aporta creatividad, impulsa la innovación y mejora la competitividad empresarial, elementos fundamentales para lograr metas como el trabajo decente, la igualdad y la reducción de desigualdades a escala global. Integrar la diversidad cultural, por tanto, es una decisión estratégica: no solo mejora la experiencia de las personas, sino que fortalece la sostenibilidad y los resultados de las organizaciones.
Un compromiso que transforma
En DIVEM acompañamos a las empresas para hacer de la diversidad cultural un valor central de su cultura organizacional. A través de la sensibilización, el asesoramiento y la implantación de políticas inclusivas, ayudamos a crear entornos laborales donde cada persona pueda aportar lo mejor de sí misma.
Cuando una empresa integra la diversidad cultural de manera consciente y alineada con los marcos internacionales como el Pacto Mundial, da un paso decisivo para construir equipos más cohesionados, saludables y comprometidos. Y ese es el mejor punto de partida para impulsar tanto el bienestar como el éxito empresarial a largo plazo.
¡Únete a las #EmpresasQueSuman!
Regularización administrativa: la oportunidad para activar y desplegar el talento diverso
/en Buenas prácticas, Diversidad culturalEquipos más diversos aportan más perspectivas, detectan mejor oportunidades y responden con mayor creatividad a entornos complejos. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando parte de ese talento diverso no puede desplegar todo su potencial en igualdad de condiciones?
En el contexto actual, la regularización administrativa de personas migrantes abre una conversación nueva para el tejido empresarial. No solo sobre inclusión, sino sobre una cuestión estratégica: cómo se activa y se despliega de verdad el talento diverso cuando existen las condiciones para innovar.
Muchas empresas ya cuentan en sus equipos con personas de orígenes culturales diversos. Personas con trayectorias internacionales, competencias multilingües, conocimiento de otros mercados o experiencia en contextos complejos. Sin embargo, cuando existen barreras administrativas, ese capital humano suele quedar reducido a lo operativo, limitando su capacidad para aportar valor, innovar y crecer dentro de la organización.
No hablamos solo de estabilidad contractual. Hablamos de algo más profundo: posibilidad real de proponer mejoras, participar en proyectos estratégicos, asumir responsabilidades, pensar a largo plazo dentro de la empresa…
La regularización administrativa actúa, en este sentido, como un interruptor: convierte la innovación latente en innovación activada.
Activar el talento: crear las condiciones
La innovación necesita algo que a menudo se da por supuesto: seguridad psicológica y jurídica. Cuando una persona sabe que su situación es estable, que puede proyectarse en el tiempo y que su aportación es reconocida, cambia su manera de estar en la organización. Desde una perspectiva empresarial, esto se traduce en mayor iniciativa individual, mayor implicación con los objetivos del negocio, menor rotación y pérdida de conocimiento y mejor circulación de ideas dentro de los equipos.
Equipos culturalmente diversos son equipos que arriesgan más en positivo: proponen, experimentan, aprenden y, lo que es más importante, activan al auténtico valor del talento. La innovación implica hacer mejor lo que ya hacemos, gracias a miradas distintas que ahora sí pueden sentarse en la mesa.
Todo ello permite a las empresas alinear mejor el talento con sus necesidades reales, algo clave en sectores con escasez de mano de obra o en procesos de transformación. Además, los equipos culturalmente diversos aportan una ventaja competitiva clara en la relación con clientes y mercados cada vez más plurales.
La innovación implica hacer mejor lo que ya hacemos, gracias a miradas distintas que ahora sí pueden sentarse en la mesa.
El momento actual refuerza esta visión: en un contexto como el actual, en el que tantas personas están en proceso de regularizar su situación administrativa y de poner su talento, su conocimiento y su expertise en el mercado laboral, es una oportunidad para todas las empresas para innovar de forma responsable, sostenible y, también, alineada con los ODS.
Si quieres descubrir cómo activar el talento diverso y sacar partido a la diversidad cultural como motor de innovación, desde DIVEM trabajamos junto a las empresas para que estas puedan identificar oportunidades, ordenar procesos y generar entornos donde el talento pueda crecer y contribuir. ¡Únete a las #EmpresasQueSuman!
Llegar a 2030 sin dejar a nadie atrás: el papel de la empresa desde la diversidad cultural
/en Agenda 2030, Diversidad culturalLa Agenda 2030 es el marco global adoptado por Naciones Unidas para avanzar hacia un desarrollo más justo, sostenible e inclusivo que se articula en torno a 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Este plan de ruta tiene un horizonte temporal claro: el año 2030. A pocos años de esa fecha, el mensaje es inequívoco: el tiempo para pasar de los compromisos a la acción se está acabando. La Agenda 2030 no plantea objetivos a largo plazo indefinido, sino una hoja de ruta con plazos concretos que exige decisiones inmediatas, también al sector empresarial.
La Agenda 2030 parte de una premisa esencial: los grandes retos sociales y económicos actuales no pueden abordarse únicamente desde las políticas públicas. Las empresas son actores clave del cambio, porque a través de su actividad diaria influyen directamente en el empleo, la igualdad de oportunidades, la cohesión social y la inclusión.
La forma en que las empresas gestionan la diversidad cultural se convierte en un factor determinante del desarrollo sostenible. No solo por su impacto social, sino por su influencia en el acceso al empleo y la calidad del trabajo, la reducción de desigualdades dentro y fuera de las organizaciones, la integración de personas con trayectorias y orígenes diversos y la generación de alianzas que multiplican el impacto social.
Por eso, la Agenda 2030 no plantea un papel accesorio para las empresas, sino un rol activo y corresponsable en la consecución de los ODS.
No obstante, el horizonte de 2030 marca un límite temporal claro. Cada año que pasa reduce el margen para transformar prácticas y corregir desigualdades estructurales.
En el ámbito empresarial, aplazar la adopción de políticas de gestión inclusiva de la diversidad cultural no es una posición neutral, sino una oportunidad perdida para contribuir, de forma tangible, a los Objetivos de Desarrollo Sostenible; para construir equipos más diversos y cohesionados; para prevenir conflictos y discriminaciones y para adaptar la empresa a una realidad social y laboral ya diversa.
La Agenda 2030 no exige cambios inmediatos y absolutos, pero sí avances concretos desde el presente. Y la gestión de la diversidad cultural es uno de esos avances inaplazables.
ODS y diversidad cultural en la empresa: una conexión directa
Los ODS ofrecen a las empresas un marco útil para revisar cómo gestionan a las personas y su impacto social. En particular, varios objetivos están directamente vinculados con la diversidad cultural en el ámbito laboral:
Estos ODS ponen el foco en algo fundamental: el desarrollo sostenible empieza por cómo las empresas gestionan su diversidad interna.
Un momento decisivo para las empresas
A pocos años de 2030, la Agenda 2030 plantea al sector empresarial una cuestión clara: ¿cómo está integrando la diversidad cultural en su modelo de gestión?
Actuar ahora en este ámbito no solo contribuye a los ODS, sino que permite construir organizaciones más inclusivas, mejorar el clima laboral y la cohesión de los equipos, fortalecer la sostenibilidad y la responsabilidad social de la empresa y prepararse para una realidad laboral diversa que ya es presente.
Desde DIVEM acompañamos a las empresas en este camino, facilitando herramientas, conocimiento y alianzas para avanzar hacia una gestión de la diversidad cultural responsable, inclusiva y alineada con la Agenda 2030.
El tiempo cuenta. Y cada paso suma. ¡Únete a las #EmpresasQueSuman con DIVEM!
Cómo fortalecer la cultura corporativa desde la diversidad cultural
/en Buenas prácticas, Diversidad culturalUna cultura corporativa sólida no nace solo de los valores que la empresa declara, sino de cómo se viven en el día a día. Las dinámicas de equipo, las decisiones que se toman, la manera de comunicarse, la forma de entender el liderazgo: todo ello construye una identidad que influye directamente en el bienestar, el rendimiento y el compromiso de las personas.
Cuando una organización incorpora la diversidad cultural como un elemento central de su forma de trabajar, la cultura corporativa se vuelve más rica, más abierta y más capaz de generar respuestas innovadoras. No se trata únicamente de sumar perfiles distintos, sino de integrar perspectivas que amplían la mirada y fortalecen la cohesión interna.
En DIVEM acompañamos a empresas que han comprobado que gestionar la diversidad cultural desde un enfoque inclusivo transforma no solo la experiencia de quienes trabajan en ellas, sino también su capacidad de afrontar retos de manera creativa y sostenible.
La diversidad cultural como base para una cultura más abierta y adaptable
Las empresas necesitan hoy culturas organizativas ágiles, capaces de adaptarse a nuevas demandas, nuevos públicos y nuevos mercados. La diversidad cultural genera una predisposición natural hacia la apertura: permite ampliar los marcos de referencia, romper inercias y enriquecer las formas de interpretar situaciones y desafíos.
Cuando las personas proceden de realidades culturales distintas, aportan también diferentes formas de resolver problemas, de trabajar en equipo o de relacionarse con la clientela. Este cruce de perspectivas favorece culturas corporativas más flexibles y con mayor capacidad para evolucionar.
Pero esta ventaja no surge de manera automática: necesita una gestión consciente que facilite la participación, el reconocimiento mutuo y un clima de confianza. Es precisamente en este punto donde la cultura corporativa se fortalece al integrar la diversidad como un valor compartido, no como un elemento aislado.
Una cultura corporativa más cohesionada y colaborativa para impulsar la innovación
Lejos de la idea de que la diversidad cultural puede generar tensiones, la experiencia de muchas empresas adheridas a DIVEM demuestra que, cuando se trabaja desde un enfoque inclusivo, lo que se fortalece es la cohesión interna.
Integrar la diversidad cultural en la cultura corporativa implica crear espacios donde todas las personas se sientan valoradas. Esto, a su vez, genera un sentido de pertenencia más fuerte y contribuye a mejorar las relaciones interpersonales. Equipos donde se reconoce y respeta la diferencia son equipos que colaboran mejor, que confían más entre sí y que se sienten más comprometidos con los objetivos comunes.
Además, una cultura corporativa cohesionada a partir del reconocimiento de la diversidad contribuye a disminuir sesgos y prejuicios, favoreciendo un entorno laboral más saludable y con menos conflictos.
La innovación no depende únicamente de la tecnología: depende, sobre todo, de las personas. Y las personas innovan cuando las organizaciones les permiten pensar de manera diferente, cuestionar lo establecido y plantear nuevas alternativas.
En este sentido, la diversidad cultural es un motor creativo. Ofrece una variedad de enfoques que amplía las posibilidades de encontrar soluciones nuevas y disruptivas. Equipos culturalmente diversos tienden a explorar más opciones, anticipar mejor los cambios y comprender de forma más profunda las necesidades de diferentes públicos.
Integrar esta riqueza cultural en la cultura corporativa permite que las empresas desarrollen una ventaja competitiva sostenible. No se trata solo de tener personas diversas, sino de crear una cultura que valore y estimule su capacidad de aportar.
Fortalecer la cultura corporativa desde la diversidad cultural no es solo una oportunidad: es una decisión estratégica. Las empresas que integran esta visión se preparan mejor para el futuro, construyen entornos más humanos y cohesionados y potencian su capacidad de innovar.
En DIVEM acompañamos a las empresas en este camino, demostrando que la diversidad cultural no es un reto a gestionar, sino una ventaja competitiva que transforma culturas corporativas en culturas que suman.