Formación en interculturalidad, una inversión en personas y en futuro para las empresas

La diversidad cultural forma parte de la realidad cotidiana de muchas empresas. Equipos integrados por personas de distintos países, clientes con perfiles cada vez más diversos y entornos de trabajo globalizados hacen que la convivencia entre culturas ya no sea una cuestión excepcional, sino una característica habitual de gran parte del tejido empresarial.

Sin embargo, compartir un mismo espacio de trabajo no significa necesariamente comprender las diferentes formas de comunicarse, colaborar o relacionarse que pueden existir dentro de una organización. Por eso, cada vez más empresas incorporan la interculturalidad como un aspecto estratégico de su gestión de personas.

En este contexto, la formación en interculturalidad se convierte en una herramienta especialmente valiosa para fortalecer los equipos, mejorar la comunicación y aprovechar todo el potencial que aporta la diversidad cultural.

Más allá de la convivencia

Cuando hablamos de interculturalidad no nos referimos únicamente a la presencia de personas de diferentes orígenes en una empresa. La interculturalidad implica generar espacios donde esas diferencias puedan convertirse en una oportunidad de aprendizaje mutuo, colaboración e innovación.

En ocasiones, determinados malentendidos, dificultades de comunicación o dinámicas de grupo pueden tener detrás diferencias culturales que pasan desapercibidas. Comprenderlas ayuda a evitar conflictos, mejorar las relaciones laborales y construir entornos de trabajo más inclusivos.

La formación permite precisamente dar visibilidad a estos aspectos y ofrecer herramientas prácticas para que las personas trabajadoras puedan relacionarse desde el respeto, la comprensión y la colaboración.

Equipos más preparados para entornos diversos

Las empresas que apuestan por el desarrollo de competencias interculturales no solo favorecen un mejor clima laboral. También fortalecen capacidades cada vez más necesarias en el mercado actual, como la empatía, la comunicación efectiva, la adaptación al cambio o el trabajo en equipo.

Estas habilidades contribuyen a que las organizaciones respondan de forma más eficaz a los retos de entornos plurales y a que puedan aprovechar mejor las perspectivas y experiencias diversas presentes en sus plantillas.

La formación en interculturalidad ayuda además a sensibilizar sobre posibles sesgos inconscientes y a fomentar prácticas más inclusivas en áreas tan importantes como la selección de personal, la acogida de nuevas incorporaciones o la gestión de equipos.

Una cultura empresarial que suma

La construcción de entornos laborales inclusivos no depende únicamente de las políticas corporativas. También requiere que las personas dispongan de conocimientos y herramientas para transformar esas políticas en prácticas cotidianas.

Por eso, la formación constituye un elemento clave para consolidar una cultura empresarial basada en el respeto, la igualdad de oportunidades y el reconocimiento del valor que aporta cada persona.

Las organizaciones que trabajan estos aspectos suelen generar espacios más acogedores, donde las personas se sienten escuchadas, valoradas y parte de un proyecto común.

Prepararse para los desafíos del presente y del futuro

La gestión de la diversidad cultural ya forma parte de los desafíos que muchas empresas afrontan diariamente. Invertir en conocimiento y sensibilización permite anticiparse a estos retos y convertirlos en oportunidades de crecimiento organizacional.

La formación en interculturalidad no debe entenderse como una acción aislada, sino como una herramienta que contribuye a fortalecer el compromiso de la empresa con las personas y con una gestión más inclusiva de los equipos.

Porque cuando aprendemos a comprender mejor las diferentes realidades culturales que conviven en el entorno laboral, construimos organizaciones más cohesionadas, innovadoras y preparadas para el futuro.

En DIVEM impulsamos iniciativas que ayuden a las empresas a avanzar en la gestión de la diversidad cultural. ¿Tu organización está dando pasos para convertir la diversidad en una fortaleza compartida? Sigue descubriendo recursos, experiencias y buenas prácticas para construir entornos laborales donde todas las personas suman uniéndote a DIVEM y las #EmpresasQueSuman.

Shiseido: «La diversidad nos ayuda a ser más abiertos, más empáticos y a entender mejor realidades diferentes a la nuestra»

Pilar Fabra, del área de Comunicación Interna Corporativa y Responsabilidad Social Corporativa de Shiseido, comparte cómo la diversidad cultural contribuye a fortalecer las relaciones entre las personas y a construir equipos más cohesionados.

La cohesión en una empresa no se construye únicamente a través de objetivos compartidos o de una buena organización del trabajo. También depende de la capacidad de las personas para escucharse, comprender perspectivas diferentes y generar entornos donde cada profesional pueda aportar desde su propia experiencia.

En el marco de la campaña No hay color, impulsada por DIVEM, distintas empresas participan compartiendo experiencias que muestran cómo la gestión de la diversidad cultural contribuye a fortalecer aspectos clave de las organizaciones. En este caso, el testimonio de Pilar Fabra, del área de Comunicación Interna Corporativa y Responsabilidad Social Corporativa de Shiseido, nos invita a reflexionar sobre el papel que desempeñan la empatía, el respeto y la apertura a otras realidades en la construcción de equipos más cohesionados.

Abrirse a nuevas perspectivas

La diversidad cultural permite acercarse a experiencias y formas de entender el mundo que muchas veces son diferentes a las propias. Ese intercambio no solo amplía conocimientos, sino que también ayuda a desarrollar una mayor sensibilidad hacia las circunstancias y vivencias de otras personas.

Como explica Pilar Fabra:

“La diversidad nos ayuda a ser más abiertos, más empáticos y a entender mejor realidades diferentes a la nuestra”.

Esta capacidad de comprender otros puntos de vista favorece relaciones más enriquecedoras dentro de los equipos y contribuye a generar entornos donde las personas se sienten escuchadas y respetadas.

La empatía como motor de la cohesión

La convivencia entre personas con trayectorias, culturas y experiencias diversas puede convertirse en una oportunidad para fortalecer los vínculos dentro de la organización. Cuando existe disposición para escuchar y aprender de quienes nos rodean, se crean espacios más colaborativos y cercanos.

En la entrevista, Pilar Fabra destaca precisamente ese impacto positivo que tiene la diversidad en la forma en que las personas se relacionan dentro de las empresas:

“La diversidad hace que los equipos sean más fuertes y estén más unidos”.

Lejos de generar distancias, la diversidad cultural puede favorecer una mayor comprensión mutua y convertirse en un factor que refuerce la cohesión de los equipos.

Hacer visible la diversidad en el día a día

La construcción de entornos inclusivos no depende únicamente de las políticas o iniciativas que impulsa una organización. También requiere del compromiso cotidiano de las personas que forman parte de ella.

Por ello, Pilar Fabra recuerda la importancia de asumir una responsabilidad compartida en la creación de espacios de trabajo más respetuosos y abiertos:

“Construir entornos más respetuosos e inclusivos es responsabilidad de todos”.

Visibilizar la diversidad, fomentar la participación y generar oportunidades para que todas las voces sean escuchadas son algunas de las acciones que permiten trasladar ese compromiso a la práctica diaria.

Equipos que se enriquecen desde la diversidad

La experiencia compartida por Shiseido muestra que la cohesión no consiste en eliminar las diferencias, sino en crear entornos donde estas puedan convivir de forma positiva y convertirse en una fuente de aprendizaje.

A través de la escucha, la empatía y el intercambio de perspectivas, la diversidad cultural contribuye a fortalecer las relaciones entre las personas y a construir equipos más conectados, colaborativos y preparados para afrontar nuevos retos.

Cuando las organizaciones favorecen la escucha, el respeto y la participación, los equipos se fortalecen y las relaciones se vuelven más sólidas. Porque la cohesión no nace de la uniformidad, sino de la capacidad de convivir, aprender y avanzar juntos.

Este testimonio forma parte de la campaña No hay color, una iniciativa de DIVEM que da voz a empresas comprometidas con la gestión de la diversidad cultural para mostrar cómo esta contribuye a fortalecer las organizaciones. La experiencia de Shiseido demuestra que comprender otras realidades y generar espacios donde todas las personas puedan aportar no solo enriquece a quienes forman parte de los equipos, sino que también ayuda a construir entornos de trabajo más inclusivos, colaborativos y cohesionados.

¿Quieres conocer más experiencias de empresas que están incorporando la diversidad cultural como un valor en sus organizaciones? Sigue descubriendo los testimonios de la campaña No hay color y súmate a las #EmpresasQueSuman con DIVEM.

¿Está preparada tu empresa para lo que esperan las nuevas generaciones sobre diversidad cultural?

La llegada de nuevas generaciones al mercado laboral está llevando a muchas empresas a reflexionar sobre cómo atraer, desarrollar y fidelizar talento en un entorno cada vez más cambiante. Más allá de aspectos como la flexibilidad, el desarrollo profesional o el bienestar laboral, existe una cuestión que adquiere una relevancia creciente: la manera en que las organizaciones entienden y gestionan la diversidad cultural.

Las personas más jóvenes han crecido en sociedades cada vez más conectadas, donde convivir con diferentes culturas, lenguas, experiencias y formas de entender la realidad forma parte de la vida cotidiana. Esta realidad influye también en sus expectativas sobre el entorno laboral y sobre el papel que las empresas pueden desempeñar en la construcción de espacios más inclusivos y participativos.

Por ello, la gestión de la diversidad cultural se está convirtiendo progresivamente en un elemento que puede influir en la percepción que las nuevas generaciones tienen de una organización.

La diversidad cultural como parte de la realidad cotidiana

Para muchas personas jóvenes, la diversidad cultural no constituye una cuestión excepcional ni un aspecto que deba abordarse únicamente en momentos concretos. Forma parte de su experiencia habitual en ámbitos como la educación, el ocio, las redes sociales o las relaciones personales.

Esta normalización genera una expectativa cada vez más frecuente: encontrar organizaciones capaces de reflejar esa misma realidad en sus equipos, en su cultura corporativa y en sus formas de relacionarse.

En este contexto, las empresas tienen la oportunidad de demostrar que la diversidad cultural no es únicamente una característica de su plantilla, sino un valor que forma parte de su manera de entender el trabajo y la colaboración.

Las nuevas generaciones no solo prestan atención a los mensajes que transmiten las organizaciones, sino también a las prácticas que los respaldan. La forma en que se toman las decisiones, las oportunidades de participación existentes, la visibilidad de diferentes perfiles profesionales o la manera en que se escucha a las personas trabajadoras contribuyen a construir la imagen que proyecta una empresa.

Por ello, la gestión de la diversidad cultural adquiere mayor credibilidad cuando se integra de forma natural en la vida de la organización y se refleja en acciones concretas que favorecen la participación, el respeto y la igualdad de oportunidades.

Organizaciones donde las personas puedan aportar su talento

Otra de las tendencias que se observa en las nuevas generaciones es la búsqueda de entornos laborales donde las personas puedan desarrollarse profesionalmente sin renunciar a aspectos relevantes de su identidad o de su experiencia vital.

En este sentido, la diversidad cultural se convierte en una fuente de valor para las organizaciones cuando se generan espacios donde diferentes perspectivas contribuyen al aprendizaje, la innovación y la mejora continua.

Las empresas que promueven culturas corporativas abiertas a la pluralidad tienden a estar mejor preparadas para aprovechar el potencial que aporta una plantilla diversa y para construir equipos más enriquecidos por el intercambio de conocimientos y experiencias.

Una mirada hacia el futuro

La incorporación de nuevas generaciones al mercado laboral invita a las empresas a reflexionar sobre cómo evolucionan las expectativas de las personas trabajadoras y qué papel puede desempeñar la diversidad cultural en ese proceso.

Lejos de ser una tendencia pasajera, la capacidad de crear entornos donde todas las personas puedan participar, sentirse valoradas y aportar su talento constituye una oportunidad para fortalecer la cultura corporativa y mejorar la experiencia laboral.

Prepararse para este escenario no significa anticiparse únicamente a las necesidades del futuro, significa también responder a una realidad que ya forma parte del presente de muchas organizaciones.

¡Únete a DIVEM y a las #EmpresasQueSuman para descubrir cómo la gestión de la diversidad cultural puede ayudarte a conectar con las nuevas generaciones, atraer talento y construir organizaciones más inclusivas, innovadoras y preparadas para el futuro!

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Interculturalidad y clima laboral: el valor de construir equipos donde todas las personas puedan aportar

Cuando una empresa se plantea cómo mejorar su clima laboral, suele poner el foco en aspectos como el liderazgo, la comunicación, la conciliación o el bienestar de las personas trabajadoras. Sin embargo, existe otro elemento que desempeña un papel cada vez más relevante en las organizaciones: la manera en que se gestionan las relaciones entre personas con trayectorias, experiencias y referencias culturales diversas.

En un entorno empresarial donde la diversidad cultural forma parte de la realidad cotidiana de muchas plantillas, la interculturalidad se presenta como una oportunidad para fortalecer los vínculos entre las personas, enriquecer la colaboración y construir espacios de trabajo más participativos.

Lejos de ser una cuestión aislada, forma parte de aquellos factores que contribuyen a generar un clima laboral positivo y una cultura corporativa más sólida.

El clima laboral se construye en las relaciones cotidianas

A menudo se habla del clima laboral como si fuera un concepto abstracto o un indicador que únicamente puede medirse a través de encuestas. Sin embargo, el clima de una organización se construye cada día a través de las interacciones que tienen lugar en los equipos: la forma en que las personas se comunican, colaboran, comparten conocimientos o afrontan desafíos comunes.

Cuando las personas sienten que forman parte de un proyecto compartido, que sus aportaciones son valoradas y que pueden participar en igualdad de condiciones, aumenta su vinculación con la organización. Ese sentimiento de pertenencia repercute directamente en la calidad de las relaciones laborales y en la manera en que los equipos trabajan juntos.

La interculturalidad bien gestionada contribuye a reforzar esa sensación de pertenencia al promover entornos donde las diferencias no se perciben como barreras, sino como una fuente de aprendizaje mutuo y enriquecimiento colectivo.

Más allá de la diversidad: construir espacios de participación

Cuando la organización es capaz de generar espacios donde todas las personas puedan participar, expresar sus ideas y aportar su experiencia, la multiculturalidad pasa a ser interculturalidad, lo que implica reconocer que existen distintas formas de ver el mundo, de comunicarse y de abordar retos profesionales. Incorporar esta realidad a la vida de la empresa permite ampliar perspectivas y favorecer dinámicas de trabajo más abiertas y colaborativas.

Cuando las personas perciben que sus opiniones son escuchadas y que tienen la posibilidad de contribuir al desarrollo de la organización, aumenta la confianza y se refuerzan los vínculos entre los equipos. Estas condiciones son esenciales para construir un clima laboral basado en el respeto y la cooperación.

Una cultura corporativa que conecta a las personas

Las organizaciones no solo están formadas por procesos, objetivos o estructuras. También están formadas por personas que comparten experiencias, conocimientos y formas diferentes de entender la realidad.

Por ello, promover una mirada intercultural no consiste únicamente en reconocer la diversidad existente en la plantilla. Supone crear una cultura corporativa capaz de integrar esa pluralidad en la vida diaria de la empresa y convertirla en un elemento que fortalezca la cohesión.

Las organizaciones que fomentan entornos inclusivos suelen generar mayores oportunidades para la participación, el intercambio de ideas y el desarrollo profesional. Como resultado, las personas encuentran más espacios para aportar valor y construir relaciones de confianza con sus compañeros y compañeras.

De esta forma, la interculturalidad deja de entenderse como una cuestión vinculada exclusivamente a la diversidad para convertirse en una herramienta que ayuda a mejorar la experiencia de las personas dentro de la organización.

Favorecer el encuentro entre diferentes perspectivas, generar espacios de participación y promover relaciones basadas en el respeto y el reconocimiento contribuye a crear entornos de trabajo más cohesionados y enriquecedores para todas las personas.

¡Únete a DIVEM y a las #EmpresasQueSuman para descubrir cómo la interculturalidad puede ayudarte a fortalecer el clima laboral, impulsar la participación y construir equipos más cohesionados, diversos y comprometidos!

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Cómo la comunicación interna puede fortalecer el sentimiento de pertenencia en equipos culturalmente diversos

Cuando hablamos de gestión de la diversidad cultural en las empresas, solemos pensar en selección de talento, formación o liderazgo. Sin embargo, existe una herramienta cotidiana que influye de forma directa en la experiencia de las personas trabajadoras y que a menudo pasa desapercibida: la comunicación interna.

Cada mensaje compartido a través de una intranet, una newsletter, una reunión de equipo o un canal corporativo transmite mucho más que información. También comunica valores, prioridades y formas de entender la organización.

Por eso, incorporar la diversidad cultural a la comunicación interna no consiste únicamente en adaptar determinados contenidos o conmemorar fechas señaladas. Supone construir espacios donde todas las personas puedan sentirse reconocidas, escuchadas y parte activa del proyecto común.

La comunicación interna también construye cultura corporativa

Toda organización comunica constantemente quién es y cómo entiende las relaciones entre las personas que la integran. Los mensajes que se comparten, las imágenes que se utilizan, los testimonios que se visibilizan o las experiencias que se ponen en valor ayudan a definir la cultura corporativa y a reforzar determinados comportamientos y formas de participación.

En empresas con plantillas cada vez más diversas, la comunicación interna puede convertirse en un aliado para generar conexión entre personas con trayectorias, experiencias y referencias culturales diferentes. No se trata de destacar las diferencias, sino de crear narrativas compartidas en las que todas las personas encuentren su espacio.

A la hora de incorporar una mirada intercultural, puede resultar útil plantearse una cuestión sencilla: ¿Todas las personas de la organización pueden reconocerse en nuestra comunicación interna? La respuesta no depende únicamente del idioma o del contenido de los mensajes, también tiene que ver con aspectos como las historias que se cuentan dentro de la empresa, los perfiles profesionales que adquieren visibilidad, las imágenes que acompañan las comunicaciones, los espacios existentes para compartir opiniones y experiencias o el lenguaje utilizado en los mensajes corporativos.

Pequeñas decisiones cotidianas pueden contribuir a que la plantilla perciba que su realidad forma parte de la organización y de su relato colectivo.

De dar voz a representar la diversidad real de la empresa

Uno de los errores más frecuentes consiste en limitar la diversidad cultural a campañas específicas o acciones puntuales. Sin embargo, las empresas pueden generar un mayor impacto cuando incorporan la pluralidad de su plantilla de forma natural en la comunicación diaria.

Dar visibilidad a historias profesionales diversas, recoger experiencias de personas trabajadoras con diferentes trayectorias o promover espacios de escucha y participación son acciones que ayudan a reflejar la realidad de la organización desde una perspectiva más amplia e inclusiva.

De este modo, la diversidad cultural deja de percibirse como un aspecto externo para convertirse en una parte natural de la identidad corporativa.

Comunicar para conectar

La comunicación interna tiene un papel estratégico en la creación de entornos laborales donde las personas se sientan valoradas y parte de un proyecto compartido.

Cuando las organizaciones incorporan la diversidad cultural de manera transversal a sus mensajes, fortalecen la cohesión de los equipos, favorecen la participación y enriquecen su cultura corporativa.

Porque una comunicación más inclusiva no solo mejora los mensajes: también fortalece las organizaciones.

¡Únete a DIVEM y a las #EmpresasQueSuman para impulsar una comunicación interna que conecte, genere sentido de pertenencia y refleje la riqueza de la diversidad cultural en tu empresa!

Diversidad cultural y LGTBIQ+: distintos contextos, un mismo espacio de trabajo

En entornos laborales cada vez más diversos, las empresas reúnen a profesionales con trayectorias, culturas y experiencias muy diferentes. Entre ellas, también distintas formas de entender la diversidad sexual y de género.

Esta realidad plantea un reto —y, sobre todo, una oportunidad—: cómo construir espacios de trabajo inclusivos donde todas las personas puedan desarrollarse, independientemente de su origen cultural o su identidad LGTBIQ+.

La percepción social de la diversidad LGTBIQ+ no es homogénea en todo el mundo. Factores culturales, legales y sociales influyen en la forma en la que las personas viven y expresan su identidad.

En el entorno empresarial, esto puede traducirse en situaciones como personas que proceden de contextos donde la diversidad LGTBIQ+ es menos visible o está más estigmatizada, equipos multiculturales en los que conviven distintas sensibilidades y niveles de conocimiento o dudas o inseguridades a la hora de interactuar o comunicarse.

Reconocer esta diversidad de puntos de partida es clave para abordar la inclusión desde una perspectiva realista y constructiva.

En este sentido, es importante tener en cuenta que algunas personas LGTBIQ+ proceden de contextos culturales donde no han podido vivir su identidad con libertad o seguridad. En muchos casos, su trayectoria profesional y personal ha estado condicionada por estas limitaciones.

El entorno laboral puede convertirse entonces en un espacio clave para su desarrollo, donde sentirse reconocidas, respetadas y con oportunidades reales de crecimiento. Por ello, las empresas tienen la oportunidad de ofrecer espacios donde estas personas puedan desarrollarse con normalidad, confianza y reconocimiento.

Más allá de las diferencias culturales, la empresa tiene la capacidad de convertirse en un entorno común basado en el respeto, la convivencia y la igualdad de oportunidades.

Esto implica entender que:

  • La diversidad cultural y la diversidad LGTBIQ+ no son realidades separadas
  • Las políticas internas deben contemplar la pluralidad de la plantilla
  • La inclusión no consiste en homogeneizar, sino en generar un marco compartido de respeto

Las organizaciones juegan un papel fundamental a la hora de crear espacios donde todas las personas se sientan seguras y valoradas.

Incorporar una mirada que conecte diversidad cultural y diversidad LGTBIQ+ no solo contribuye a un entorno laboral más inclusivo, sino que también refuerza el compromiso de la empresa con la igualdad, mejora el clima laboral, favorece la atracción y fidelización del talento e impulsa equipos más abiertos y colaborativos.

En el marco del programa DIVEM, trabajar la diversidad cultural implica también reconocer cómo se entrelaza con otras realidades presentes en la empresa, porque abordar la diversidad desde una perspectiva amplia y conectada permite avanzar hacia entornos laborales más inclusivos, respetuosos y sostenibles, donde cada persona pueda aportar desde su experiencia.

¡Únete a DIVEM y a las #EmpresasQueSuman!

Día Mundial de las Personas Refugiadas. Una oportunidad para avanzar en diversidad cultural

El 20 de junio se conmemora el Día Mundial de las Personas Refugiadas, una fecha que pone el foco en millones de personas que han tenido que reconstruir sus proyectos de vida lejos de su lugar de origen. Más allá de las cifras, hablamos de trayectorias marcadas por la capacidad de adaptación, el aprendizaje constante y la resiliencia.

En el entorno empresarial, este día ofrece una oportunidad para ir un paso más allá de la sensibilización y situar la conversación en clave de gestión: ¿cómo están incorporando las empresas la diversidad cultural en sus equipos? ¿Qué papel puede desempeñar el tejido empresarial en la generación de oportunidades reales?

El talento no entiende de orígenes, pero sí de oportunidades

Desde DIVEM lanzamos la campaña “No hay color”, que parte de una idea sencilla pero clave: las capacidades profesionales no dependen del origen cultural, sino de las oportunidades que generamos para desarrollarlas.

En el caso de las personas refugiadas, esto resulta especialmente relevante. Con frecuencia, sus perfiles profesionales quedan invisibilizados o no son plenamente reconocidos, pese a contar con formación, experiencia y competencias valiosas para el mercado laboral.

Cambiar esta mirada implica dejar atrás prejuicios —muchas veces inconscientes— y poner el foco en lo esencial: qué puede aportar cada persona al equipo y cómo la empresa puede facilitar que ese talento se despliegue.

https://www.youtube.com/watch?v=4-C5HKD0njA

Cuando la diferencia suma

Incorporar personas de distintos orígenes culturales no es solo una cuestión de representación. Supone introducir nuevas perspectivas, formas de trabajo y experiencias que enriquecen la dinámica de los equipos.

En esta línea, la campaña “No hay color” también interpela a las empresas: invita a superar etiquetas y a entender la diversidad como una característica inherente al talento, no como un elemento que lo condiciona.

Cuando esta visión se traslada al día a día de la organización, los beneficios son tangibles: mayor capacidad de innovación, mejor adaptación a entornos cambiantes y una cultura corporativa más abierta y colaborativa.

Pero para que esto suceda, no basta con que la diversidad esté presente: es necesario gestionarla adecuadamente. En este sentido, uno de los principales retos para las empresas no es incorporar ese talento diverso, sino asegurar que ese talento puede desarrollarse en condiciones de igualdad.

Por ello, avanzar hacia una gestión inclusiva implica revisar distintos ámbitos de la organización:

  • Cómo se selecciona: asegurando que los procesos valoran trayectorias diversas sin sesgos.
  • Cómo se acoge: facilitando la incorporación y el entendimiento del entorno laboral.
  • Cómo se trabaja en equipo: promoviendo dinámicas que integren diferentes formas de comunicar y relacionarse.
  • Cómo se lidera: impulsando estilos de liderazgo que reconozcan y potencien la diversidad.

Estas acciones contribuyen a construir entornos donde el origen deja de ser un factor diferencial y el foco se sitúa en el talento y la contribución.

Una oportunidad para seguir avanzando

El Día Mundial de las Personas Refugiadas es una oportunidad para reconocer el papel que pueden desempeñar las empresas en la generación de oportunidades reales y sostenibles y para revisar las propias prácticas: identificar avances, detectar posibles barreras y seguir evolucionando hacia modelos de gestión más inclusivos.

Desde DIVEM, acompañamos a las empresas en este proceso, facilitando herramientas, recursos y espacios de aprendizaje para avanzar hacia entornos laborales donde, efectivamente, no haya color cuando hablamos de talento.

¡Únete a las #EmpresasQueSuman con DIVEM!

Marcos González, presidente de Corresponsables: “Las alianzas entre empresas y tercer sector son una herramienta estratégica de transformación”

Para empezar, desde su experiencia, ¿qué papel están jugando las alianzas entre empresas y tercer sector dentro de la RSC, especialmente en temas como la diversidad cultural?

Las alianzas entre empresas y tercer sector están dejando de ser algo puntual o reputacional para convertirse en una herramienta estratégica de transformación. Por lo menos así está sucediendo en bastantes organizaciones corresponsables, como podemos apreciar en el Anuario Corresponsables y en todo lo que hacemos y eso es una gran noticia. Aunque está claro que aún falta mucho por hacer y avanzar en esta materia para que realmente las alianzas sean estratégicas y basadas en un claro win-win.

En ámbitos por ejemplo como la diversidad cultural pero del mismo modo en otros, el tercer sector aporta algo especialmente valioso: conocimiento profundo de las realidades sociales, experiencia de intervención y una conexión directa con colectivos y desafíos que muchas empresas todavía conocen de forma limitada.

Por tanto, desde Corresponsables observamos que afortunadamente cada vez más compañías están entendiendo que no pueden abordar retos complejos como la inclusión, la cohesión social o la gestión de la diversidad únicamente desde dentro. Necesitan escuchar, colaborar y construir junto a organizaciones especializadas como Accem.

¿Está percibiendo que estas colaboraciones están influyendo en la forma en que las empresas entienden y desarrollan un liderazgo más inclusivo?

Sí, claramente. Como decía antes, cada vez vemos más líderes empresariales que comprenden que el liderazgo inclusivo no consiste solo en gestionar diversidad, sino en generar entornos donde distintas perspectivas puedan participar, aportar y sentirse representadas.

La colaboración con entidades sociales está ayudando a muchas organizaciones a desarrollar una mirada más empática, más cercana a la realidad social y más consciente de los sesgos culturales que todavía existen en el entorno laboral.

También está cambiando el lenguaje y las prioridades. Antes muchas empresas hablaban de diversidad desde un enfoque más teórico o normativo. Ahora empieza a hablarse más de escucha, pertenencia, equidad y cohesión, conceptos mucho más vinculados a la cultura organizativa y al liderazgo real.

En el día a día de las organizaciones, ¿cree que estas alianzas están ayudando a integrar mejor la diversidad cultural en la gestión de equipos y en la cultura interna?

Sin duda. Las organizaciones sociales están contribuyendo a que las empresas pasen de la sensibilización a la implementación práctica.

Esto se traduce en procesos de selección más inclusivos, formación específica para mandos intermedios, revisión de sesgos en comunicación interna, acompañamiento en políticas inclusivas y generación de espacios de diálogo más diversos.

Pero quizá el cambio más importante es cultural. Cuando la diversidad cultural se integra bien, deja de percibirse como un “tema de RRHH” y empieza a formar parte de la identidad y de la manera de trabajar de la organización.

Además, en un contexto global y multicultural, gestionar bien la diversidad ya no es solo una cuestión ética o social: también impacta en innovación, atracción de talento, reputación y capacidad de adaptación.

Desde su visión, ¿diría que este tipo de colaboración está contribuyendo a que las empresas avancen de forma más coherente en sus compromisos en sostenibilidad?

Sí, porque la sostenibilidad exige ser lo más coherentes posibles entre lo que se dice y se hace y la coherencia se demuestra especialmente en la dimensión social.

Hoy las empresas están cada vez más expuestas al escrutinio de empleados, consumidores, inversores y sociedad. Ya no basta con comunicar compromisos; es necesario demostrar impacto real y consistencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Como vemos en los medios de comunicación Corresponsables, las alianzas con el tercer sector ayudan precisamente a eso: a conectar la estrategia ESG con necesidades sociales reales y con iniciativas más auténticas, creíbles y transformadoras.

Además, aportan legitimidad y aprendizaje mutuo. Las empresas aportan capacidad de gestión, innovación y escalabilidad; las entidades sociales aportan conocimiento social, proximidad y propósito. Cuando esa colaboración es genuina, el resultado suele ser mucho más sólido y sostenible en el tiempo.

Y por último, ¿qué tendencias o ejemplos le parecen más interesantes en la relación entre empresa y tercer sector en este ámbito?

Estamos viendo varias tendencias especialmente interesantes. Por un lado, el paso de acciones aisladas a alianzas a largo plazo, donde empresa y entidad social trabajan conjuntamente en objetivos compartidos y con indicadores de impacto.

También crecen mucho las iniciativas centradas en empleabilidad inclusiva, integración sociolaboral y formación intercultural, especialmente vinculadas a colectivos vulnerables, personas migrantes o jóvenes en riesgo de exclusión.

Otra tendencia relevante es la incorporación de la diversidad cultural dentro de la estrategia global de sostenibilidad y no solo dentro de programas específicos de diversidad. Esto refleja una visión más madura e integrada del ESG.

Y, finalmente, vemos un interés creciente por medir impacto social real. Las organizaciones ya no quieren solo “hacer iniciativas”, sino entender cómo contribuyen a mejorar la cohesión, el bienestar, la inclusión y la confianza dentro y fuera de la empresa.

En ese sentido, creemos que la colaboración entre empresa y tercer sector seguirá siendo uno de los grandes motores de innovación social y sostenibilidad empresarial en los próximos años. También hay que ser muy claros. Falta mucho camino por avanzar en esta materia y este camino lo debemos hacer juntos. Precisamente por eso la alianza de Corresponsables con Accem.

Acercamiento a la realidad de personas refugiadas y migrantes para construir organizaciones más inclusivas

Las acciones de acercamiento a la realidad que impulsamos desde el programa permiten a las empresas y organizaciones vivir experiencias directas que conectan a sus equipos con las trayectorias, capacidades y aportaciones de las personas migrantes y refugiadas. No se trata solo de conocer, sino de comprender, compartir y construir desde un plano horizontal.

A través de estas iniciativas facilitamos espacios donde las personas empleadas y las personas migrantes y refugiadas se encuentran en igualdad, desde el respeto y el aprendizaje mutuo. Estos espacios favorecen el diálogo abierto y la escucha activa, permiten cuestionar estereotipos y ampliar miradas, además de poner el foco en las capacidades, experiencias y talento de las personas.

Sensibilizar para transformar

Estas acciones contribuyen a generar espacios laborales donde las diferencias no se perciben como obstáculos, sino como elementos que enriquecen el trabajo en equipo. De esta manera, las organizaciones que participan en estas acciones no solo conocen mejor el contexto de la diversidad cultural, sino que avanzan en su capacidad para gestionarla de forma inclusiva.

De esta manera, las empresas que participan y aprovechan estas oportunidades aprenden a desarrollar nuevas competencias y aprovechar el potencial de generar entornos laborales más cohesionados, fomentar culturas corporativas abiertas y respetuosas e iIdentificar y potenciar el talento diverso dentro y fuera de la organización.

En definitiva, impulsa organizaciones más preparadas para responder a una sociedad diversa.

La diversidad cultural como motor

Uno de los elementos centrales de estas acciones es visibilizar y reconocer el talento de las personas migrantes y refugiadas.

En muchos casos, sus capacidades, trayectorias profesionales y competencias quedan en un segundo plano frente a estereotipos o percepciones limitadas. Las experiencias de acercamiento permiten cambiar este enfoque y poner el acento en lo que realmente aporta valor como la capacidad de adaptación y resiliencia, la experiencia en contextos diversos, las competencias interculturales o la innovación que surge de perspectivas diferentes.

En DIVEM trabajamos para que la diversidad cultural se entienda como un valor estratégico. Las acciones de acercamiento a la realidad son una herramienta clave para avanzar en este camino: ayudan a integrar la diversidad en el día a día de las empresas, desde las personas y para las personas.

En definitiva, acercar realidades es acercar a las personas. Es generar oportunidades para escuchar, comprender y construir desde la diversidad.

Y es, también, un paso clave para que las organizaciones alineen su cultura con los retos y oportunidades del entorno social diverso actual.

Si tu organización quiere dar este paso, en DIVEM podemos acompañaros en el diseño e implementación de acciones de acercamiento a la realidad adaptadas a vuestro contexto y equipo. ¡Contáctanos!

Cómo impulsar el diálogo intercultural en las organizaciones

En el marco del Mes de la Diversidad Cultural, desde DIVEM queremos poner el acento en uno de los pilares que permiten avanzar hacia entornos laborales más inclusivos: el diálogo intercultural. Más allá de la convivencia de distintas culturas en un mismo espacio de trabajo, el verdadero valor surge cuando generamos oportunidades reales para el intercambio, la escucha y el reconocimiento mutuo.

Impulsar este diálogo no es una acción puntual, sino parte de un proceso que contribuye a construir organizaciones más cohesionadas, innovadoras y sostenibles.

Activar el potencial de la diversidad cultural en los equipos

El punto de partida para fomentar el diálogo intercultural es generar entornos en los que las personas se sientan seguras para expresarse. Cuando existe confianza, las conversaciones dejan de ser superficiales y pasan a ser auténticas.

Esto implica cuidar cómo nos comunicamos en el día a día: favorecer la escucha activa, prestar atención al lenguaje y abrir espacios donde todas las voces tengan cabida. En este contexto, no se trata solo de hablar, sino de escuchar desde la curiosidad y el respeto, entendiendo que cada experiencia aporta una mirada valiosa.

Muchas organizaciones cuentan con equipos culturalmente diversos, pero no siempre logran convertir esa diversidad en una oportunidad de aprendizaje mutuo.

Integrar la diversidad en los espacios de trabajo —ya sea a través de dinámicas participativas, momentos de intercambio o iniciativas internas— permite avanzar de la simple convivencia a una interacción más rica y consciente. Este paso es clave para fortalecer el sentido de pertenencia y mejorar la colaboración.

Desarrollar competencias para entendernos mejor

El diálogo intercultural también requiere habilidades. No siempre es sencillo interpretar formas de comunicación o comportamientos diferentes a los propios, y ahí es donde entran en juego competencias como la empatía, la flexibilidad o la capacidad de gestionar malentendidos.

Invertir en sensibilización y formación permite a los equipos desenvolverse mejor en contextos diversos, facilitando relaciones más fluidas y un mejor clima laboral.

Impulsar el diálogo intercultural no responde a una fórmula cerrada. Es un proceso vivo que evoluciona con la organización. Escuchar a las personas, evaluar lo que funciona y adaptar las iniciativas permite consolidar avances y seguir generando impacto. En este sentido, la clave está en entender que cada paso suma.

Contar con herramientas y acompañamiento marca la diferencia

En este camino, disponer de apoyo especializado facilita avanzar de forma estructurada. Desde DIVEM acompañamos a las empresas en la gestión de la diversidad cultural, adaptándonos a su punto de partida y a sus necesidades.

Este proceso puede comenzar con un diagnóstico, que permite conocer la situación de la organización, e incorporar informes y análisis que orienten la toma de decisiones. A partir de ahí, se desarrollan acciones concretas que favorecen el diálogo y la sensibilización.

En el contexto del Mes de la Diversidad Cultural, por ejemplo, se impulsan iniciativas como un encuentro digital o acciones de acercamiento a distintas realidades culturales, que generan espacios de intercambio directo dentro de las empresas.

Pero más allá de las acciones puntuales, el elemento clave es el acompañamiento continuo. Un trabajo conjunto que permite resolver dudas, ajustar iniciativas y seguir avanzando de manera sostenida, integrando la diversidad cultural en la cultura organizativa.

Desde DIVEM acompañamos a las empresas en este recorrido, convencidos de que promover el diálogo intercultural es apostar por entornos laborales más inclusivos y conectados con la realidad.